Diario de León

opinión | el invento del maligno

Salto

Publicado por
José María Cillero
León

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Tras una tarde en la que, como cantaban The Weather Girls, llovieron hombres, llegó a España Gandía Shore, la versión española de la penúltima vuelta de tuerca -aterra imaginar cuál será la siguiente- de los realities con tomate y un programa para flipar, venirse arriba, darlo todo, manejar el cotarro, bebérselo todo, evitar que te hagan la cobra, tal vez hacer la croqueta, conocer tetes chulos que molen mazo y evitar a chonis guarras.

Curiosa coincidencia en la oferta televisiva del primer domingo de otoño-otoño. Salto desde la estratosfera y descenso a los infiernos de la telerrealidad con más cosas en común de lo que puede parecer. Ambos obligaron a buscar en el mando canales poco habituales. Incomprensible que la TVE no lo llevase a La 1, donde a la hora en que Felix Baumgartner subía a los cielos (dos millones de televidentes con un pico de cuatro millones) había una película a la que el salto duplicó en audiencia.

Aunque es fácil intuir el compromiso para que el partido posterior de la Liga Endesa (medio millón de espectadores) no cambiara de canal. La atracción de ambos descansaba en la fuerza de sus imágenes. La cobertura del salto podría haberse ahorrado a los narradores-comentaristas del plató. Gandía Shore ( un millón de espectadores, gran registro para un canal minoritario) no necesita milás, emmas o lujanes. Tampoco sus concursantes precisan de cortejo previo, como demostró el fornido Esteban al final de la doble entrega. «Ven, que me vas a contar un cuento...».

Distinto habría sido dejarlos sin espejos, priba (alcohol) o jacuzzi. Ambos programas, en fin, petaron Twitter a base de chascarrillos más o menos ocurrentes. Qué más da que el mérito de uno sea tirarse al vacío y el de los otros ocho, querer tirarse a todo lo que se mueva. Ahí acaban los paralelismos. No es fácil que a corto plazo Felix vuelva a mirarnos desde arriba elevado por un globo medio flácido -qué pocos reflejos, señor Durex, qué buen copatrocinio perdido-. Ahora ‘Gandía Shore’ volará solito y con rumbo bien definido. Otra cosa es averiguar el destino. En el caso de que exista.

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