La historia sin fin
El invento del maligno rosa belmonte
Como promoción de la película que se emitiría en Clásicos de La 1 , Anne Igartiburu recordó el jueves en su programa que El campeón había sido elegida la película más triste de la historia del cine. Para invitar a la gente a ver su cadena, la rubia es un hacha. Pero no hay que echarle la culpa de ese 9.8% de cuota de pantalla y de los 1.721.000 espectadores que vieron la lacrimógena cinta de Franco Zeffirelli. Habrá que echársela a la elección del título (en TVE ya están empezando a confundir películas viejas con clásicos) y a la competencia. Sobre todo a la vuelta de El barco a Antena 3, que fue la que se llevó el pato al agua con 3.354.000 espectadores y 17,8% de cuota de pantalla. La noche, entre tróspida y triste, la completaba el enésimo especial sobre la Pantoja de Nada es igual (13,4) y ¿ Quién quiere casarse con mi hijo? (9,6). La gente, los fans, tenían ganas de barco. Según sus responsables se han encargado de pregonar (y audiencia regular aparte), la serie de Globomedia tuvo nueve trending topics nacionales, cuatro mundiales y picos del 80% en share social. Es decir, que mucha gente estaba viendo la serie pero también comentándola en Twitter. Poca molla había esta vez. La tercera temporada, que ya se ha apuntado que será la última, empezó desinflada. Al menos si se la compara con aquel monumento al desmadre en un guion que fue el comienzo de la segunda (astronautas, lluvia de jureles, recreación de Ben-Hur, una operación de apendicitis mirando un libro de instrucciones.)
Esta vez lo más fantasioso eran las botellas de Minute Maid y Coca Cola (en esa despensa no se acaba nada). El día en que se estrenó la segunda temporada, Telecinco tenía en Enemigos íntimos un careo entre Julián Muñoz y Mayte Zaldívar. El barco no llegará a ningún sitio pero Telecinco tampoco sale de lo mismo. Parece vivir en esa escena de El ángel exterminador donde los invitados no pueden abandonar el salón. No salir del caso Malaya es peor. Sabemos que El barco va a llegar a tierra. Y que se acabará. Lo otro no tiene fin.