Diario de León
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Opinión | boquerini

Se meten en nuestras casas desde primera hora de la mañana y no nos abandonan hasta la madrugada. Son esa docena de tertulianos profesionales que se pasan el día saltando de cadena en cadena para repetir machaconamente su pensamiento único sobre todo lo divino y lo humano: política, economía, deportes, sociedad... Comienzan en Los desayunos de TVE y acaban con La noche en 24 horas . Pero se han pasado el día corriendo de plató en plató para estar en Espejo público, en Las mañanas de Cuatro , en Al rojo vivo , en La tarde en 24 horas , en Mas vale tarde , incluso en los fines de semana.... A algunos aún les queda tiempo, los días que no les toca tertulia en televisión, para acudir a las de las radios. La mayoría son periodistas que trabajan (e incluso dirigen) destacados medios... En fin, como el Espíritu Santo, que está en todas partes a la vez. Este pasado 14-N han sido los reyes de las ondas. Con la mayoría de las programaciones enlatadas, TVE con servicios mínimos, han sido los informativos de las privadas los que han recurrido a las tertulias para analizar si la huelga triunfaba o fracasaba. Y estos tertulianos fueron los reyes de la jornada. Su opinión la repitieron a lo largo del día como un insoportable mensaje publicitario, siempre al servicio de una determinada manera de ver el mundo. Como aquel que te dice que luce un sol luminoso aunque si te asomas por la ventana ves que estás en medio de la tempestad, los tertulianos intentaron imponer su forma de ver la jornada de huelga desde primeras horas del día. Para unos un éxito, para otros un fracaso absoluto. Como si todos nosotros no hubiésemos salido a nuestras calles y visto con nuestros propios ojos como estaban las cosas. Las tertulias no son ni buenas ni malas, pero resultan muy baratas para todas las cadenas. Y suelen dar audiencia. ¿Qué que más se puede pedir? Que estos tertulianos no sean siempre los mismos que parecen tener copados los medios, que no nos impongan su ideología sino que nos iluminen sobre los temas tratados. Pero para ello abría que abrir el abanico de nombres, buscar expertos en cada tema, que no todos valen para todo. En fin, mirar por la ventana y observar a la gente.

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