Diario de León

El pintor de las horas

El leonés Félix de la Concha culmina su reto de retratar un día completo de verano en la ciudad suiza de Sankt Gallen.

Arriba, Félix de la Concha durante una de sus jornadas pintando la torre del reloj de Sankt Gallen. Además de este proyecto, el leonés continúa trabajando en un gran políptico de diez metros de largo, encargo de la Universidad, que tiene una de las colecc

Arriba, Félix de la Concha durante una de sus jornadas pintando la torre del reloj de Sankt Gallen. Además de este proyecto, el leonés continúa trabajando en un gran políptico de diez metros de largo, encargo de la Universidad, que tiene una de las colecc

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e. gancedo | león
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«¿Mérito? Bueno, quizá tanto como si un nórdico se diera a conocer haciendo paellas en Valencia...». Ríe Félix de la Concha, uno de los más solicitados pintores leoneses del momento, recordando lo insólito del reto que se marcó a principios del verano pasado y que le ha convertido casi en un icono de la ciudad suiza de Sankt Gallen, donde ha permanecido pintando en la calle, de julio a septiembre, hasta completar un curioso ‘reloj’ artístico en el que están representadas, una por una, las doce horas de sol de un día de verano.

El proyecto surgió a principios del verano pasado, cuando De la Concha pasó unos días en Sankt Gallen ( San Galo en castellano), tomando contacto con una ciudad en la que ha venido residiendo y trabajando desde el mes de julio, principalmente enfrascado en un encargo para su Universidad. «Ya entonces me surgió la idea del reloj, por lo de Suiza, claro. Porque es verdad que aquí los relojes los ves por todas partes, omnipresentes. Y lo de la puntualidad no es un tópico. Casi diría que llega a haber una dictadura del tiempo. El otro día un autobús nos dejó tirados a un montón de pasajeros porque no paró para poder cumplir con su horario en la parada final». «Igual que en otros países el Estado está por encima de los individuos, aquí el tiempo está a su vez por encima de las personas», resume el artista.

Y así, De la Concha se embarcó en esta nueva y audaz idea. «El reloj lo tenía que pintar literalmente ‘a contrarreloj’», cuenta. «Afortunadamente, la ciudad me alquiló un estudio en el mismo edificio de Correos al que pertenece la mastodóntica torre con el reloj que domina toda esa parte de la ciudad. Con lo cual yo dejaba y recogía allí los cuadros, según los que necesitaba, ya que cada uno representa una hora de luz distinta de ese momento de verano».

De la Concha recuerda que uno de sus principales problemas era la necesidad de días despejados —y el primer mes fue muy lluvioso—, así que cuando salía un poco el sol no se daba tregua. «Menos mal que vinieron días excelentes y pude acabarlo, porque no es que pudiera demorarme mucho, y la luz también va cambiando día a día». Al final logró que su particular ‘reloj’ representase las doce horas de sol de un día estival. «Coincidía con que también en este verano cumplía yo 50 años. ¡Y me pareció una forma simbólica de marcar esa fecha importante en mi vida!», evoca.

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