Diario de León

opinión | pacho rodríguez

El Fargo a la leonesa puede esperar

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Decía, hace ya tres años a Diario de León, que le gustaría hacer una película sobre estas tierras y que tendría que ser un Fargo a la leonesa, como la peli de los hermanos Coen, con mucho desmadre y sin productores, para que la historia volara libre sobre los muchos tics que acentúan la idiosincrasia leonesa. Daba sana envidia y alegría detectar al instante que su cabeza estaba llena de talento. Él, Manuel González, era un director de cine errante, que se apasionaba mucho mas por una historia si exigía la curiosidad del viaje, de tener que ir a algún lugar para empaparse de la verdad. Y, siempre, para desmarcarse de los prejuicios de la primera persona. Pero en su tierra, en Laguna de Negrillos, o en el mismo León, veía las posibilidades de contar esa gran historia que todos los directores llevan dentro.

Cuando atendía a este periódico, a Manolo le perdía su origen y en plena Glorieta de Bilbao, en Madrid, le recomendaba a la castañera de la plaza que se hiciera con castañas del Bierzo si quería convertirse en superventas. Y como era un espíritu indomable con cara de niño, insertaba entre sus declaraciones asuntos como aquellas oposiciones a bombero que aprobó en León, y cómo su nombre desapareció de la lista de seleccionados. Eso contaba. O que aquella decepción lo desplazó al lugar de los huérfanos del sistema, y que, enfadado con León y con España, decidió irse a Londres. Luego volvió y se instaló en Madrid, y trabajaba repartiendo correo mientras daba forma a una carrera cinematográfica en la que fue de los primeros en subirse al carro de las nuevas tecnologías y el hágalo usted mismo. Así surgió Manolo recicla, el señor de los carros, el trabajo que le hizo célebre a su manera. Véanlo, por favor.

Paradojas de la vida, ese proyecto se le apareció mirando por la ventana de su casa en el centro de Madrid, sin viajes a destinos inciertos, cuando veía a un tipo, tocayo de nombre, que andaba de un lado a otro con varios carros de la compra cargado de objetos útiles o inservibles, que eso daba igual, porque la cuestión de ese otro Manolo era cargar con algo a toda costa para descargar su propia vida.

Entonces vio que debajo de su casa había una historia. Una historia que le obsesionó hasta convertirse en materia prima de este premiadísimo documental, pero que también le vampirizó hasta el punto de pasar a ser una especie de tutor de este alma perdida al que intentó reciclar socialmente. Buscó a su familia, recuperó cierta sensatez en el personaje, volvió al perderlo, y, finalmente, se preocupó de que sus cenizas volaran por el Cantábrico asturiano, porque Manuel González era de los que no soportaba las historias inconclusas o que su palabra no se concretara hasta sus últimas consecuencias.

Su paso por el cine comercial fue un tanto convulso y con un resultado final mucho más digno de lo que él mismo pensaba. Propios y extraños, con ese geniecillo arriesgado que es Jordi Vilches, con Elena Ballesteros y otros actores de relumbrón de España y de Argentina, era una historia en la que ponía a prueba los sentimientos en la aldea global a partir de un programa de radio de madrugada en las que las confesiones más íntimas son el guión lineal.

Como audacia no le faltaba, quería a toda costa que Gemma Nierga, como artífice del conocido programa Hablar por hablar, supiera de la existencia de la película. No sé si lo consiguió. Pero incluso quería llamar al programa e inaugurar una nueva forma de promoción haciéndose pasar por un espectador que había visto Propios y extraños y quería compartir la experiencia, para, al final, revelar su verdadera identidad. Es decir, quería hacerse autopromoción saltándose los canales habituales y poner en evidencia lo difícil que es poner sobre la mesa un proyecto cultural de vocación independiente.

Estos últimos tiempos rematan su comprometida visión sobre la vida. Decidió hacer un documental en Madagascar, y, una vez más, quedó atrapado por la historia. Hasta el punto de que se quedó allí para desarrollar proyectos de apoyo a la población, a los niños y a los mayores, para contribuir en el progreso de los desfavorecidos. Así, Misión Malgache, título del documental, dio paso a un proyecto solidario que hizo que se quedara a vivir allí. Y allí, tan lejos, comienza la triste historia que termina ahora con su muerte a los 45 años.

Poco tiempo para alguien que viajaba para no huir de la realidad. Que estudió audiovisuales en Inglaterra y Francia, que ganó más de treinta premios con Manolo recicla, que recibió el premio de guión de la SGAE por Propios extraños y que tenía tantos proyectos en la cabeza que era imposible imaginarlo parado. Por el retrovisor, seguro que ve León. Y el pasado de su juventud, por los Agustinos, el Juan del Enzina, etc. Un ciudadano del mundo que fue, como él decía, como todos, un sentimental que en su día se creyó el rey del Húmedo, en aquellos años 80 en los que el amor se escapaba por los bajos tejados del barrio.

tracking