Hambre de rey
Crítica de televisión jAVIER MARTÍN DOMÍNGUEZ
Está España ante tales encrucijadas —de la crisis económica al soberanismo catalán— que no extraña que se pida más árnica al Rey cuando ha concedido una entrevista para televisión. Hacer gala de prudencia y lanzar mensajes en tono de estadista no ha satisfecho a todos. Hay ganas de mensajes contundentes. A algunos les encantaría que le pusiese firme a Mas y a este poder replicar con un reproche mayor que tapar su retrato. En un país que siempre pide sangre, una entrevista medida y la altura de la circunstancia como la de Hermida, es criticada por no hacer morder la arena al entrevistado. Ahora que el periodismo ha saltado hecho añicos, pasto de unos cuantos vociferantes pretendiendo concitar a unos lectores no existentes, causa perplejidad ver a un estadista y a un caballero del periodismo sentarse educadamente para repasar los 75 años de vida del jefe del Estado de un país que bajo su mando paso de la dictadura a la democracia, del blanco y negro al progreso. Cosas vanas... Podría haberle preguntado mejor por asuntos de peluquería o por algún desliz familiar. Los duros de oído querían que se repitiese a sí mismo, y pedir de nuevo perdón por la cacería o reafirmar que todos debemos ser iguales ante la ley. Mi interés televisivo estaba en ver cómo manejaba el arte de la entrevista nuestro maestro en tantas lides. Hermida estuvo fiel a su estilo, gesticulante y galante, capaz de crear una atmósfera apropiada. Ni una pizca de tensión, para dejar ver la piel real del personaje. El arte del entrevistador televisivo es conseguir la naturalidad del entrevistado y que sea este y su discurso los que marquen los titulares. Y así fue.
En una entrevista de tal enjundia lo difícil era ser maestro del equilibrio y pensar en la Historia. Si el Rey no dijo más, sería por ser un Rey prudente en un momento que cualquier adjetivo crea un incendio. Si hay hambre de más Rey será que el fuego llega ya muy alto. En tal tesitura, el buen estadista y el buen periodista deben ser más bomberos que pirómanos. Aunque se pida más sangre en un ruedo que ya chorrea bastante.