Diario de León

Crítica de televisión | josé maría cillero

Aniversario

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La cobertura en directo y desde dentro, con reportero y cámara, del desahucio de un matrimonio de ancianos —ella, abuela coraje; él, postrado en una silla de ruedas con el 90% de minusvalía, consecuencia de un ictus— anteayer en un pueblo de Córdoba podría ayudar a explicar el éxito del Programa de Ana Rosa , que cumple este año su octavo aniversario en antena en las mañanas de Telecinco. El drama de una familia encerrada para intentar evitar el desalojo con el apoyo de todos sus vecinos, alcaldesa incluida, obligó al programa a ir cambiando su guion sobre la marcha. Y eso que al mismo tiempo en Sitges esperaba una reportera junto al centro de salud en cuyos lavabos apareció muerto el martes Manuel Mota, diseñador jefe de Pronovias

Es esa capacidad para adaptarse a las circunstancias cuando la actualidad lo requiere, esa posibilidad de vivir en primera persona los acontecimientos, la que hacen del espacio un producto televisivo de calidad, que transciende al programa de crónica social que también es.

Tal vez la gente empezó a engancharse a El programa de Ana Rosa en 2005 por la solvencia y la popularidad de su conductora, una de las grandes de la prensa rosa, pero ocho años y 7.000 horas en directo después, el matinal de Telecinco demuestra cada día que es mucho más que puro cotilleo. Que en sus casi cuatro horas diarias de emisión es capaz de ir cambiando de color para adaptarse al paisaje, más de rigurosa actualidad informativa al principio, más hacia la revista del corazón después, para satisfacer las necesidades del público que enciende la televisión a esas horas.

Pero si tanto los recursos técnicos como humanos a pie de calle permiten a una cadena hacer posible este formato en directo, quien se gana el respaldo de los televidentes es el comunicador que se pone cada día al frente del programa. Porque en todos los medios, pero sobre todo en televisión, la audiencia demuestra estar tan interesada por lo que le cuentan como por quién se lo está contando.

Y ahí, Ana Rosa Quintana, ocho años después, mantiene su fortaleza.

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