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Pañuelos
Opinión | josé maría cillero
Polémica previa al estreno en Cuatro el domingo de la docuserie Palabra de gitano , evoca la tensión que generó hace 25 años la llegada a los cines de ‘La última tentación de Cristo’, dirigida por Martin Scorsese y basada en una novela de Nikos Kazantzakis, cuando grupos de ultracatólicos de todo el mundo intentaron impedir la exhibición de la película sin tomarse la molestia de verla antes. El pueblo gitano ha sufrido durante siglos los efectos de una discriminación tan intolerable como todas, que culminó con el exterminio de medio millón de personas durante el Holocausto y de la que con más o menos crueldad hoy en día aún se describen episodios. Esta circunstancia puede explicar su preocupación ante la emisión de un programa que pudiera ofrecer una visión sesgada e injusta de sus tradiciones. Pero tal temor no parece fundado a la vista de la primera entrega del serial, seguido por 2,18 millones de televidentes. Este episodio se centraba en cómo la tradición gitana concibe el concepto de pureza, con imágenes impactantes de la celebración de un controvertido rito, la prueba del pañuelo, que ha dar fe de la virginidad de la novia antes de la boda. Es injustificable acusar al programa de abordar esta tradición sin respeto, salvo que se considere irrespetuosa la propia emisión en horario de máxima audiencia del rito, cuya grabación contó con el permiso expreso de los interesados. Tampoco el programa lo presentó como costumbre presente en todas las bodas con contrayentes gitanos. En este caso, la familia mostró su orgullo por cumplir una tradición que tiene mucho de perpetuación de la sumisión de la mujer al hombre. Es aquí de donde surgen los intentos sectarios por escapar de la luz del foco, cuando se defienden como tradición ritos cuyo anacronismo enmascara conductas condenables. Comportamientos cuya reprobación es legítima, por mucho que se intente contrarrestar bajo la acusación de ser discriminatoria.