Crítica de televisión
Naves
C omando actualidad cumple este mes cinco años en antena en La 1 de TVE contando historias de supervivencia, poniéndole rostro a los rigores de una crisis que ha sentado reales y parece no querer irse jamás.
En su recorrido por la realidad poliédrica de las penurias, la edición del miércoles se centró en los polígonos industriales, infraestructuras nacidas por doquier al calor de la burbuja inmobiliaria con las que un buen número de ayuntamientos pretendieron garantizar el crecimiento económico de sus municipios. Hoy muchos de ellos están desiertos, generan enormes deudas que ahogan a los consistorios que los promovieron y dejan un paisaje absurdo de campo vacío al que más que puertas le han puesto calzadas, aceras y hasta farolas, capaz por sí solo de narrar la ironía de un país incapaz de frenar la sangría de su tejido industrial y que un día, no hace tanto, defendía su derecho a sentarse entre los más ricos del mundo.
El mérito de los profesionales de Comando es lograr que sean los propios protagonistas quienes cuenten su historia, creando el clima adecuado para que los retratados se habitúen a las cámaras, lleguen a olvidarse de ellas y abran de par en par sus vidas al telespectador.
Pero además, el equipo acierta en la elección de cuantos aspectos merecen ser incluidos para reflejar el universo de cada entrega de un espacio que nació para contar la realidad social de forma más genérica, pero al que a menudo acaba por arrastrar la omnipresencia del asunto más recurrente de la actualidad desde 2008, que asoma detrás de cada reportaje, por mucho que la intención inicial haya sido la de contar la vida de un gran centro comercial, o el día a día de un negocio en que trabajan varias generaciones de una misma familia. Una presencia reiterada que sin embargo no perjudica las cifras de audiencia del programa, que cada semana compite en pie de igualdad con los lobos de Calenda.