MINORÍAS ABSOLUTAS
Con usura
El exceso. La avaricia. La falta de ética en el reparto. Dice en un poema Ezra Pound que «Con usura la línea se hace gruesa, con usura no hay clara demarcación y nadie encuentra un lugar para su morada». Dice esto Pound y yo callo y agacho la cabeza ante una verdad tan aplastante.
Una verdad que se vincula al día, a la patente angustia que cualquier ser humano con dignidad y piel viviría cada vez que pasa por la calle Ancha de nuestra ciudad, por Ordoño II, por cada calle que ve crecer la indigencia con desolación y sin perspectiva.
Con usura. Sólo con usura podemos pasear nuestra conciencia al lado de la debacle. Sólo con la usura metida en cada poro un hombre puede asumir un sueldo de cientos de miles de euros y pasar al lado de un compañero que despiden por «criterios económicos». No es la ley la que debe desamparar estas diligencias. O no sólo. Es la conducta humana la que debería negarse a subterfugios de este calibre. Crecen los mendigos en nuestra ciudad y nuestra vergüenza cojea en exceso.
Señores ministeriales, asesores internacionales, su trabajo no es más válido que el del hombre que amasa el pan que ustedes comen a diario... no vale su trabajo cien o doscientas veces más. Ustedes lo saben y asumir esa verdad con indolencia es asentarse en el marquesado de la usura.
Ante la usura sólo me queda el berrinche o asumir la palabra libre, esa que genera esperanza y contundencia. Me acojo entonces a ese poema de Antonio Colinas, La tumba negra y al igual que él le pongo la banda sonora a la vida con una partita de Bach o, si ustedes prefieren, por aquello de la pasión y las fechas actuales... esa pieza descomunal que supone la Pasión según San Mateo.
Todo ello para comulgar con esa idea que transfiere la posibilidad de acabar con muros y fronteras; con esa idea de derrocar totalitarismos (ya sean ideológicos o instrumentales como lo es el capitalismo atroz) y ejercer nuestro derecho -y obligación- de resolver nuestra ciudadanía con una nueva perspectiva social. Con un cambio de paradigma y una mentalidad más humanizadora.
Tal vez tengamos que volver. Regresar en el pensamiento. Concebir un nuevo Génesis. A la manera en la que el maestro Sebastiao Salgado ha concebido su nuevo trabajo. Su rotundidad en contra de la degradación que la modernidad impone.
Tal vez todos deberíamos salir, como Salgado, en busca de cuanto hay de puro en este planeta. Encontrarlo no será lo importante. Pero el camino en busca de ese logro, nos dará sin duda alguna la mayor de las recompensas posibles: La tranquilidad de haber intentado un avance solidario en favor de la vida; de la vida con mayúsculas. De esa que genera plenitud no sólo a unos pocos.