La fortaleza perdida de Gaudí
Aparece por primera vez el proyecto original del Palacio Episcopal de Astorga.
El 18 de septiembre de 1893 fallecía Joan Baptista Grau i Vallespinós, obispo de Astorga. La labor pastoral fue la razón de su temprana muerte. Y es que no hacía tres años que ‘cargaba’ con el título de Monseñor cuando se cayó del caballo mientras se trasladaba a impartir misa a Tábara. Antoni Gaudí se encontraba en Astorga y acudió a ver a su amigo enfermo. «Lo hallé tan hermosamente transformado que me vino la idea de que ya no podía vivir. Era hermoso, demasiado hermoso... ¡Todo lo personal le había desaparecido! Las líneas de la cara, el color, la voz... No quedaba del ser más que algo sin relación con las cosas. Y la belleza perfecta no puede vivir. La tesis, el abstracto de las divinidades griegas, no habría vivido»... Al poco tiempo, el obispo Grau moría y con él lo hacía también el palacio que Gaudí había ideado junto a él, un palacio episcopal cuyos planos fueron recortándose al mismo tiempo que las ganas del arquitecto catalán de luchar contra los elementos. Sus desencuentros con el nuevo obispo le llevaron a dimitir y las obras permanecieron paradas durante varios años. Al final, el edificio fue terminado entre 1907 y 1915 por Ricardo García Guereta.
En el año 2002, coincidiendo con el año Gaudí, los arquitectos leoneses Melquiades Ranilla, Ramón Cañas y Alberto García consiguieron levantar, a partir de los planos originales, el gran palacio que el genio de Gaudí proyectó para Astorga, un proyecto que, como destaca el propio Ranilla, era mucho más rotundo, mucho más palaciego que el que finalmente se construyó.
Ahora, por primera vez, DIARIO DE LEÓN publica en exclusiva cómo habría sido el palacio episcopal de Astorga si se hubiera respetado la autoría del arquitecto de La Sagrada Familia.
El audiovisual se titula Soñando en Piedra una mirada hacia los proyectos de Gaudí en León e incluye un estudio de los dos edificios proyectados en León por Gaudí: el Palacio episcopal de Astorga y la Casa de Botines. En el primer caso recrea en un modelo virtual el primer proyecto de Gaudí para el Palacio Episcopal.
Juego de transparencias
Subraya Ranilla que Gaudí proyectó un patio interior magnífico y unificó las plantas en una múltiple altura, recreando su iluminación natural mediante un complejo sotabanco con buhardillas escalonadas en la parte central de la cubierta. «Esta idea inicial de un espacio central protagonista que se desarrolla verticalmente hasta la cubierta fue cambiada por Gaudí para propiciar un nuevo juego de transparencias y diafragmas potenciando una espacialidad horizontal que fluye de un extremo a otro en las plantas nobles el edificio», explica. El arquitecto dibujó un muro y un foso perimetral que separaban el edificio del suelo. De esta manera emergía realzado y adquiría una nueva proporcionalidad con la verticalidad que le daban además las chimeneas, los esbeltos torreones y las ventanas goticistas. «El resultado era un volumen de textura homogénea, granito en los muros y pizarra en las cubiertas con vanos muy fragmentados en todas las fachadas», añade.
Sin embargo, este proyecto se descafeinó en el edificio que hoy conocemos. «El problema fue que se produjo una tensión comunicativa entre dos puntos bien diferenciados: por un lado la Barcelona de finales del XIX con todo su potencial de renovación urbanística, arquitectónica y social y, por otro, una villa pequeña y rural, ancestral encrucijada del Camino de Santiago y la Vía de la Plata», sostiene Ranilla, que recuerda no obstante que León fue el único lugar, fuera de Cataluña, donde Gaudí trabajó personalmente.