MINORÍAS ABSOLUTAS
Mecenazgo
En estos días uno se entera de que un benefactor anónimo ha hecho posible que medio centenar de estudiantes sin recursos de la Universidad de León puedan empezar o continuar sus estudios.
Un gesto tan loable ha sido puesto en cuestión por ciertos grupos y muchas voces por la calle interpelan a esta clase de gente para que expliquen qué tiene de malo la caridad humana.
La caridad de este benefactor anónimo es digna de alabar, y más si como hasta la fecha se ha señalado, no existen condiciones excluyentes para esos «becados» y el criterio de selección se deja a cargo de la propia universidad pública.
El problema del mecenazgo, la gran controversia que puede generar, es el control que subyace de quien lo ejerce. En esto no deberíamos ser novatos, pues la historia está llena de ejemplos al respecto.
Por ello, uno se mueve con cierta cautela cuando se esboza una ley de mecenazgo que incentiva la financiación cultural y social y deja un margen demasiado alejado de los controles públicos los recursos que genera esta manera de dirigir la inversión social y cultural.
Para empezar, se hablaba de la clara premisa que supondrá el eje de esta ley. El mecenazgo se ejercerá sin ánimo de lucro por cualquier empresa que quiera aportar a fines socio-culturales. Esta premisa confusa no deja de ser un engaña tontos que mosquea ya para todo lo que venga detrás de la ley. Sabemos que toda empresa que ejerza el mecenazgo tendrá un descuento sustancioso en los impuestos a pagar… por tanto, una parte importante de ese dinero acaba siendo dinero público, con la contrapartida de que la dirección y los requisitos para la inversión de ese dinero, tan sólo estarán en manos de grandes empresas privadas.
Dice Noam Chomsky que las empresas son, simplemente, tan totalitarias como el bolchevismo o el fascismo. Poseen las mismas raíces intelectuales de principios del siglo XX. Por ello, al igual que otras formas de totalitarismo tuvieron que desaparecer, lo mismo tiene que ocurrir con las tiranías privadas. Tienen que ser puestas bajo control público. Y ahí es donde se pone el grito, la atención, la demanda de los colectivos que estos días se inquietan con esa gran obra de mecenazgo en la Universidad de León.
Todos estamos a favor del mecenazgo, pero hay que saber que la cultura de un país no se puede sustentar en los intereses privados de unas pocas empresas. El control público sobre la cultura y la asistencia social es fundamental para no generar una cultura en favor sólo de los intereses fácticos y del beneficio de unos pocos. Por ello, lejos de indignarnos por esa donación tan bien recibida por esos estudiantes futuros, lo que algunos nos planteamos, es una actitud vigilante, esa que como ciudadanos tenemos que ejercer en favor de una inversión pública en los sectores estratégicos de una sociedad fértil y rica (es decir, sanidad, educación y cultura). Saber que nuestro dinero no será sustituido o dirigido por grandes financieras, sino por un sistema público y transparente.