Cuando los genios ‘plagian’
El palacio de Gaudí tiene influencia de Eiffel y Picasso se inspiró en una biblia leonesa para su Guernica.
Algunos genios o comparten musas o manejan de forma magistral el arte de ‘plagiar’. Los límites entre la inspiración y la imitación a veces son difusos. Pero hay parecidos realmente asombrosos. El Palacio Episcopal de Astorga es el ejemplo. La obra de Gaudí, comenzó a construirse en 1889, año en el que el ingeniero Eiffel sorprendía al mundo con una Torre de 300 metros diseñada para la Exposición Universal. El arquitecto catalán visitó la torre que hoy es el emblema de París y emuló la esbeltez de la estructura de hierro en los planos de este castillo neogótico que desde hace medio siglo es Museo de los Caminos. Trasladar del hierro a la piedra el esquema de Eiffel al palacio de Astorga fue un verdadero quebradero de cabeza para Gaudí, que tuvo que rehacer hasta tres veces los arcos del porche, con muchas similitudes con la base de la torre francesa.
La leyenda dice que Walt Disney se inspiró en el edificio de Gaudí para crear su famoso castillo de la Bella Durmiente, que se ha ido ‘replicando’ en los sucesivos parques de la factoría.
A Picasso le iluminó la Biblia. El genio malagueño pudo encontrar en la Biblia visigótica de la Catedral de León a la mejor de las musas para alumbrar algunos de los animales que pueblan su obra cumbre, el Guernica. El parecido es extraordinario, por lo que los expertos descartan que sea fruto de la casualidad. La Biblia leonesa del siglo X se expuso en Barcelona en 1929, y en París en 1937, momentos en los que Picasso pudo descubrir los dibujos que ilustran el códice medieval. La doble mirada (de frente y de perfil) de las figuras del cuadro y, sobre todo, el caballo y el toro, parecen un ‘calco’ de los personajes que desfilan por la Biblia que iluminó el diácono Juan en el año 920.
En el caso del Musac, sus creadores, el arquitecto ya fallecido Luis Mansilla y su compañero Emilio Tuñón, confesaron abiertamente que los colores de los vidrios de la fachada eran un ‘guiño’ y un homenaje a la vidriera de La cacería de la Catedral de León.
Vela Zanetti, cuyo centenario se celebra este año, fue uno de los artistas más plagiados y su fundación luchó durante décadas para desenmascarar a autores que intentaban vender burdas copias del pintor nacido en Milagros.
El terreno literario tampoco es ajeno a los ‘copistas’, aunque algunos autores han tratado de disimularlo como ‘intertextualización’. Uno de los casos más sonados fue el de Lucía Etxebarría, que plagió al poeta leonés Antonio Colinas. El asunto fue destapado por la revista Interviú, contra la que se querelló la escritora vasca por daños contra su honor. Los tribunales dieron la razón a la publicación semanal. Colinas se mantuvo al margen. Más de un centenar de versos y poemas de Estación de invierno, primer poemario de Etxebarría, eran un copia literal de diversos originales de Colinas, tal y como reconoció la justicia.