MINORÍAS ABSOLUTAS
Ser eficientes
Entrando en el debate sobre las necesidades sociales que nuestro entorno requiere, y el porqué de jornadas laborales tan elevadas, se nos antojó el otro día reflexionar de manera más honda sobre el verdadero significado de la palabra eficiencia.
Hasta tal punto ha llegado a calar este término en nuestras vidas, que rápidamente los avanzados en el mundo tecnológico asumieron el reto: darnos un patrón de eficiencia vital. Pero como «lo que no se nombra no existe» -ya lo dijo en su día George Steiner-, hubo que inventar rápidamente una denominación para esta técnica novedosa de administrar eficazmente nuestro tiempo.
Lo llamaron lifehacking, y sus teorías a cerca del aprovechamiento de nuestro tiempo libre para ser más eficaces dieron la vuelta al mundo. Hasta nos proponían que con sus métodos bien estudiados, y gracias al desarrollo tecnológico, podríamos hacernos ricos con una jornada laboral de 4 horas a la semana.
Todo esto, con su consabida trampa, nos ha llevado a entender que gracias a la tecnología hoy en día podemos desarrollar muchas más actividades y de manera más organizada. Así, es verdad que le vamos ganando tiempo a un ocio que está mal visto, para relacionarnos, crear, promover y ampliar «eficazmente» nuestras vidas. Ello, más que reducir nuestra jornada laboral, no ha hecho más que aumentarla en su empeño de ser más provechosos para nuestro entorno capital.
Si meditan un poco, verán que en el trabajo y fuera de él, nuestras vidas ya necesitan de una serie de aplicaciones tecnológicas y múltiples programas que aceleran y producen más información e intercambio virtual.
Trabajamos 8 horas al día, comemos, y nos conectamos durante otras tantísimas horas a la televisión o internet, para relacionarnos en redes sociales, compraventas virtuales, recabar y ofrecer información online... y todo ello con la excusa de que es más eficaz el resultado que si de manera «analógica» o física nos relacionásemos o trabajásemos en pro de esa información recabada.
Esta manera de entender la vida acaba asumiendo que el «no hacer nada», el contemplar un cuadro, un paisaje, leer un libro... nos llevan a una falta de productividad muy poco eficiente para esta sociedad de consumo y acción. No obstante, gracias a dios existen nuevas teorías que avalan que la falta de consumo y productividad capitalista, son necesarias precisamente para avanzar. Recientes investigaciones en el campo de la neurociencia nos delatan que nuestros cerebros, cuando descansamos, desarrollan un sinfín de trabajo.
Andrew Smart nos propone una organización vital menos utilitarista (el lifehacking tiende a ello) de la vida y asumir que para ser creativos y productivos -pero de calidad-, demos más importancia al ocio y a la idea de vivir mejor con menos, en vez de hacer más con más.
Amigos, ser eficientes no consiste en hacer más cosas, sino en desarrollar el ocio necesario para asumir una calidad de vida aceptable, dándole tiempo al tiempo, e importancia a una felicidad más allá del valor económico-productivo de nuestra vida.