Un western a ritmo de Beatles
David Trueba entra por la puerta grande en San Sebastián con ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’, en la que el vaquero va en un Seat 850 y es profesor de colegio.

Natalia de Molina, David Trueba, Francesc Colomer, Javier Cámara y Jorge Sanz posan tras la proyección de la película.
David Trueba presentó ayer en el Festival de San Sebastián Vivir es fácil con los ojos cerrados , un filme «lleno de vida y ganas de vivir» que refleja un western donde «el vaquero va en un Seat 850 y es un profesor de colegio».
El realizador explica que «lo que he querido contar es que, por dura que sea la vida y complicadas las situaciones, siempre la gente que te enseña el camino es la que se agarra a ella y encuentra la posibilidad de salir». Ambientada en la España de los 60, la película se inspira en la revolución que supuso para los jóvenes de entonces la visita de John Lennon a Almería, donde rodó una película y se inspiró para componer Campos de fresas .
«Yo no se si los chicos de ahora tienen los ojos cerrados», dijo Trueba, pero opina que las personas deben enfrentarse al reto «de hacer de su propia vida algo de lo que sentirse orgulloso» y dice que «la vida te ofrece condiciones para reconciliarte» con el pasado. «Al final —filosofa— todos somos capaces de encontrarnos en los demás, lo mas horrible es catalogarnos sin conocernos».
El guion, escrito por Trueba, está plagado de anécdotas sacadas de la vida real, empezando por el personaje que interpreta Javier Cámara, un profesor que existe y realmente sacaba las letras de las canciones oyendo radio Luxemburgo para enseñar inglés a sus niños. O el de Francesc Colomer, el último Goya logrado por Pa negre . Un papel que hace recapacitar al catalán sobre el valor de los jóvenes de los 60. «Aunque había mucho miedo —Natalia de Molina—, había más valor para hacer las cosas». De Molina trabajó mucho para componer a Belén, una mujer «que lucha por tomar sus propias decisiones y gracias a mujeres anónimas como ésta hoy tenemos muchas batallas ganadas», señala de Molina.
Para Javier Cámara, aunque la película sucede en 1966 es atemporal y puede «pasar y ser entendida y disfrutada en cualquier sitio». «Tiene unos componentes menos metafóricos, grandilocuentes o terribles que otros filmes a concurso pero hemos hecho una película muy bonita que habla de seres humanos heridos que buscan solucionar sus vidas y de sus pequeños conflictos».
«La verdad es que permite disfrutar de la fraternidad y el entendimiento, y últimamente no disfrutamos de eso en el cine y la película es especial por ello», resume Trueba, que se inspiró en los grandes del cine español.