Para esconderse

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Opinión | rosa belmonte
Fue el Gran Wyoming al programa de Antonio García Ferreras y dijo que claro que sigue habiendo dos Españas. Wyoming, como Belén Esteban, presenta libro, por eso está de gira. El presentador de El intermedio dejó claro al de ‘Al rojo vivo’ que él no pertenecía ni iba a pertenecer a la de Esperanza Aguirre o Ana Botella. Dejando aparte la injusticia de equiparar a estas dos señoras (Aguirre por lo menos sabe hablar en público), es verdad que la dirigente del PP madrileño abandera una de esas dos Españas. Al menos la que se representa de forma circense (de circo romano) en televisión. Quizá porque tenga más tiempo, quizá porque tenga más ganas, quizá porque le gusta estar en el ‘candelabro’ (igual que a Mazagatos, mira), Aguirre se tira en plancha a los programas que sabe que son territorio hostil. Como si estuviera haciendo méritos. Y seguramente los está haciendo, aunque no sepamos para qué ni ante quién.
En las últimas semanas ha ido a El objetivo de Ana Pastor y a Las mañanas de Cuatro de Jesús Cintora. En el primero, con una sola contendiente; en el segundo, con dos (Cintora y Pablo Iglesias). No es que se preste a sacrificarse porque siempre sale indemne, pero lo hace a costa de perpetuar cansinamente esas dos Españas. Siempre cree tener enfrente a «la izquierda radical». Vamos, que si Ana Pastor es izquierda radical. Tras su encuentro con esta soltó a los de Nuevas Generaciones: «Los jóvenes tenéis que saber, entre otras cosas, lo que es una entrevista. Lo de Ana Pastor no lo fue». A lo mejor considera más entrevista la de Hermida al Rey. En la no entrevista (sí combate), Aguirre estaba en plan ‘¿Va usted a seguir con sus alegatos o me deja continuar?’. Y en Cuatro: «Vamos a hablar de Maduro, que es el que a ti te gusta». ¡Maduro! Fue a Pablo Iglesias, que antes le había pinchado: «Es difícil encontrar a alguien que se parezca más a un burócrata soviético que usted». Esperanza Aguirre es, como Marhuenda, animadora de tertulia y ‘talk show’. Ella siempre gana. Pero qué aburrimiento. ¿No habrá otra España donde esconderse?