Diario de León
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León

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Crítica de televisión mikel labastida

En las últimas semanas he conseguido rejuvenecer casi diez años. Ni me he sometido a mesoplastias, ni a tratamientos láser, ni a ninguna cirugía. Tampoco se me ha presentado en casa el DeLorean y me ha transportado una década atrás. Nada de eso. Simplemente he encendido la tele un par de noches. Para que luego digan que esa pantalla debajo del toro no aporta cosas buenas. No sé cómo pasó, ni en qué momento se obró el milagro.

Simplemente pulsé el mando y allí estaba Boris Izaguirre en Crónicas marcianas hablando de ropa interior, saltando, danzando al son de cualquier música y haciendo preguntas profundas: «¿Cuando tu lengua besa dónde toca?». A su alrededor, una serie de colaboradores se pisaban la palabra los unos a los otros, se robaban el turno, alzaban la voz y se esforzaban por soltar frases ingeniosas. Y, en un momento dado, todos con alborozo y sin venir a cuento se levantaban a bailar, encima de la mesa redonda por supuesto, para lucir palmito y rozar pechito. La luces del plató acompañaban la fiesta e iban cambiando de color como en una discoteca de los ochenta. Y el público, como loco, asistía al espectáculo dando todo de sí. Igual se contorneaban, que aplaudían eufóricos o sacaban sus móviles para acompañar la actuación de Carlos Baute.

Que sí, que ya lo había olvidado, pero Baute también formaba parte de la vida hace diez años. Al que encontré extraño fue a Javier Sardá.

Me costó más reconocerlo Se había jordigonzalizado un poco. Pero seguía siendo un magnífico capitán de tropa, tal y como recordaba. Amansaba a las fieras cuando era preciso y las animaba si era necesario para calentar el circo. Perfecto en su papel, lo mismo participaba de las cuitas amorosas de un dandi, que entrevistaba a un adolescente conflictivo, que se interesaba por los problemas del hijo de un torero. No estaban el padre Apeles, ni Cárdenas, ni Latre. Supongo que no fueron invitados. Cambié de canal y me encontré con Buenafuente bromeando con un ránking de fotografías curiosas.

Sí, había vuelto a 2004. Televisivamente me pareció un fracaso. Pero yo por volver a los 28 soy capaz de eso y más.

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