otras cadenas
Gritar a la tele
Crítica de televisión mikel labastida
Creo que ningún electrodoméstico invita a interactuar tanto como la televisión. Es decir, nadie (bueno, alguno habrá) se acerca a la nevera y le dice «qué hambre tengo». O acude a la lavadora para espetarle «qué sucio voy». Tampoco es habitual que nos dirijamos a la tostadora por la mañana para confesarle «qué sueño» o a la plancha para reprocharle «qué pesada y aburrida eres». Es cierto que todos estos trastos incitan poco a entablar conversación a no ser que uses onomatopeyas del tipo «piii» o «clic». No ocurre así con la tele. Quien más y quien menos ha hablado alguna vez con esa pantalla. No se sonroje, confiéselo, usted también. Todos en alguna ocasión, mirando fijamente al aparato, hemos gritado «sal de ahí» o «corre, está detrás», como si algo de lo que sucede allí dentro fuese a reaccionar por nuestras alarmas. Mira que se han puesto en marcha inventos para lograr la interacción con los espectadores sentados en el sofá (desde aquel lejano Teletrebol que se sacó de la manga Telecinco en los años noventa hasta el Botón Rojo que promociona ahora TVE) pero todavía ninguno ha conseguido que la televisión responda ante un grito.
El triunfo de muchos programas se basa, precisamente, en causar este tipo de reacciones en el público. Porque, aunque parezca mentira, hay espacios que buena parte de su audiencia contempla, pese a que no le gustan nada y los desprecia, con el único fin de descargar su ira. Es lo que ocurre con las tertulias políticas que, para complacer a unos y provocar el rechazo de otros, están compuestas por invitados con opiniones muy enfrentadas.
Esos que hacen saltar al espectador y arrancarle una ristra de exabruptos. Mucha gente de ideología progresista solo ve los debates de algunas cadenas de TDT para desahogarse un rato bramando contra los contertulios. Igual pasa con los de ideas conservadoras, que hacen el mismo ejercicio con programas de LaSexta. Servir no sirve para nada, pero qué relajado se queda uno después de emitir unos cuantos alaridos contra algunos personajes que aparecen en la pantalla. Eso sí, la tele ni se inmuta. Como si se los soltásemos al horno o a la Minipimer.