La maldición
Opinión | mikel labastida
A Nacho Abad le ha afectado la maldición de los programas sin nombre, una maldición que, por supuesto, me he inventado yo, pero que se basa en casos reales. El pasado martes el criminólogo estrenó en Antena 3 La diana , un espacio en el que tiran dardos a cualquier suceso que se precie. Pese a la abundante sangre no consiguió conectar con la audiencia y apenas llegó al 10% de cuota de pantalla. Curiosamente Abad llevaba ya varias semanas ocupando la misma franja hablando de sus vísceras con una serie de especiales, que sí habían logrado datos aceptables. Pero ha sido ponerle nombre al programa y que los espectadores decidiesen buscar otras ofertas. Debe de ser que el nombre no ha gustado.
Le sucedió lo mismo a Jordi González, su competencia a esas horas en Telecinco. El presentador condujo un par de especiales, a propósito de la serie Niños Robados, en los que se ocupaba de denunciar historias de madres e hijos separados al nacer. Tuvo tanto éxito que le encargaron varias emisiones más. La mayoría rondaron el 20% de share , lo que animó al canal a encomendar a González un programa con un patrón similar. Y lo bautizaron como Se enciende la noche , magacín con contenidos variados en el que había hueco para reencuentros y desencuentros familiares. Pues bien, desde que se le puso título no ha vuelto a rozar las cifras que sacaba cuando simplemente era «lo de los niños robados de Jordi González».
A lo mejor el nombre lía. ¡Qué tiempo tan feliz! fue durante meses «el programa de la Campos», en el que se repasaban, con buen seguimiento, las carreras de viejas glorias. La Campos había probado suerte en otros proyectos en su regreso a Telecinco pero ninguno había funcionado. Lo de los sábados y domingos cuajó y por eso mereció título. ¿Qué sucedió? La maldición. Desde entonces ha superado en pocas ocasiones la oferta de Antena 3. Con este historial a partir de ahora más de uno dirá «virgencita, virgencita, que me quede como estoy». Sin título pero con audiencia.