Diario de León
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Crítica de televisión rosa belmonte

La presentadora argentina Susana Giménez recibió una vez en su programa a una palentóloga. Esta le dijo que le había traído un dinosaurio de la Patagonia. «¿En serio? ¿Vivo?». Susana, claro, es un mito de la televisión.

Por estas cosas y por otras. Por su mismidad. El lunes, Mariló Montero hablaba con Luis Laria, presidente de la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas sobre la destrucción, a causa del temporal en Asturias, del Museo del Calamar Gigante de Luarca. Contó lo que había pasado. Que a los calamares gigantes se los había llevado el mar. «¿Estaban vivos?», preguntó entonces Mariló. El otro, sin alterarse, le explicó que no, que viven entre dos mil doscientos y dos mil quinientos metros de profundidad y que es imposible mantenerlos vivos. Eso además de explicarle la importancia de la colección perdida. Luego la presentadora se interesó por lo que costaba esa colección. Unos dos millones de euros.

«Madre mía. Eso vale más que la discoteca», remató Mariló, que minutos antes había estado hablando con el dueño de una destrozada en San Sebastián,

«¿Así que se han quedado arruinados?», remataba la navarra. Y más: «¿Qué sentido tiene ahora el museo?». Laria aclaró que en el museo no solo tenían calamares gigantes, que todo lo demás se salvó. A mí Mariló Montero me hace mucha gracia. Y creo que muchas veces no hay razón para meterse con ella, que hay mucho de linchamiento (por ejemplo, cuando preguntó qué había dentro del coche fúnebre de Sara Montiel, porque era evidente que había retratos y otras cosas además del féretro).

También me parece claro que hay mucha más atención sobre lo que pasa en TVE que en cualquier cadena privada. Y reconozco que si no fuera por ella, por los ‘marilolismos’, el programa de las mañanas en la cadena pública sería irrelevante.

Pero hay que reconocer su querencia a meterse en los jardines más frondosos. También que estamos esperando su paso al ‘prime time’ (en ‘El pueblo más divertido de España») con expectación malsana. Se lo ha ganado.

Por mito en ciernes.

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