El Príncipe
Crítica de televisión yolanda veiga
Se va resolviendo la encrucijada de El Príncipe y sigue la tensión y la audiencia ‘in crescendo’. Tiene la serie de Coronado algunas virtudes y algunos defectos, independientemente de lo que digan los audímetros.
En la columna del ‘haber’, un guion que no ha dado respiro, con un golpe de efecto casi en cada capítulo: la desaparición del hermano de Fátima, la gran mentira de Quílez, la decepción de Hakim... También ha funcionado la pareja de policías interpretados por José Coronado y Álex González porque el poli malo y el poli bueno que nos presentaron en el primer episodio han ido intercambiándose los papeles a ratos descubriendo en realidad a dos tipos vulnerables debajo del uniforme que, por cierto, Coronado solo se puso al principio. Está mucho mejor en vaqueros, nos lo creemos más.
También han acertado los guionistas apostando por pocos personajes fundamentales en la trama, aunque podían haber prescindido de alguno de los que trapichean. El otro atractivo de la serie era, ‘a priori’, la historia de amor entre Morey y Fátima, que diez capítulos más tarde, y por mucho arrumaco explícito que nos hayan mostrado, siguen sin tener esa química.
Lo hemos dicho en varias ocasiones, no basta con ser muy guapos. Su amor imposible ha enganchado y ha cansado a partes iguales porque Fátima cambia de opinión a razón de tres o cuatro veces por capítulo
Ahora huyo contigo, ahora me caso... ¡Por cierto que se casa con el malo! Por ahí podrían alargar la trama para una segunda temporada. En la columna del ‘debe’, que abusan de la publicidad de los coches (en el capítulo del martes vimos a Morey aparcar el cochazo con todo detalle) y esos anuncios con el maquillador en los propios escenarios de la serie.
Y Faruq, que se presentaba como un personaje imprescindible en la historia y por dar no da ni miedo. El Príncipe reunió el martes a casi cinco millones de espectadores, y eso que medio Madrid estaba de fiesta en la calle celebrando el pase a la final de la Champions. No es que la audiencia justifique todo, pero es un argumento sólido.