Diario de León

CULTURA

Lo barroco ocultaba lo medieval

El desmontaje, pieza a pieza, del retablo de San Pedro de los Oteros logra salvar dos tallas del siglo XIII

Una vecina de San Pedro y el propio párroco, ayudando a desmontar el gran retablo de la iglesia parroquial

Una vecina de San Pedro y el propio párroco, ayudando a desmontar el gran retablo de la iglesia parroquial

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E. GANCEDO | LOS OTEROS
León

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Hay un puzzle en San Pedro de los Oteros que es necesario componer de dos veces —primero se desarma y luego se arma—, y ambas operaciones requieren de un cuidado extremo, experto y pacientísimo. Porque este pueblo de sólo cinco vecinos, pequeña aldea de adobe en medio de suaves colinas de cereal, cuenta con una potente iglesia con basas pétreas y aspecto de fortaleza, y en su interior, un gran retablo a caballo de los siglos XVI y XVII. Un retablo que amenazaba ruina completa y por cuya supervivencia —y por las preocupantes consecuencias de su desplome— temía muy seriamente el párroco, Ignacio Castellanos.

Por suerte, este pasado miércoles comenzaron las labores de salvamento. Máximo Gómez Rascón, responsable de asuntos patrimoniales del obispado legionense, había escuchado la voz de alarma del cura agustino y puso el Taller de Restauración de la Diócesis a disposición de este floreado retablo cubierto por sucesivas manos de policromía. «Y eso que se nos sale de presupuesto: el límite que tenemos es de 60.000 euros y esto nos llevará al menos 65.000, pero es necesario, es necesario», esgrimía Gómez Rascón mientras supervisaba las primeras labores de desmontaje.

«Vamos a quitarlo entero, a llevarlo a la cámara de desinsectación —la ‘niña bonita’ del Taller— para acabar con los xilófagos, después limpiaremos y restauraremos todas las piezas y recompondremos las que faltan, les aplicaremos un tratamiento protector y por último las recolocaremos». Trabajos laboriosos y delicados en cuya primera fase se empeñan estos días una muy reducida cuadrilla formada por un obrero, una vecina de la localidad y el propio párroco, con casco y mono azul, («oye, hay que echar una mano...», dice). «Pues sí, esta es una labor ímproba, ¡pero la vamos a hacer!», expresó un entusiasta Máximo Gómez, también emocionado porque estas obras permitirán salvar dos tallas medievales, del XIII, que se encontraban semiocultas en la parte superior del retablo. Se restaurarán y, previsiblemente, pasarán a formar parte del Museo Diocesano. Además, una vez recompuesto el retablo, se volverán a instalar en él las imágenes de los siglos XVI y el XVII, hoy desplazadas, en vez de unas actuales de escayola.

«Hace veinte años ya intenté restaurarlo, pero entonces fue inviable. Ahora podemos, aunque haciendo un gran esfuerzo, dado que el pueblo no tendrá que aportar nada», añade Gómez Rascón, quien habla en voz baja de «catástrofe» si se hubiera dejado pasar más tiempo, a la vista de cómo se combaban unas maderas cada vez más esponjosas. Y cree que el retablo de San Pedro, una vez desmontado entero, podría desvelar alguna sorpresa más. «Veremos qué oculta ese lienzo de ahí...».

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