Diario de León
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León

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Crítica de televisión mikel labastida

Me pasa todos los veranos, que enciendo la tele por las mañanas cuando estoy de vacaciones y echo de menos a David Hasselhoff. Que será garrulo y cutre, sí, pero animaba el despertar estival. Ya no se hacen títulos específicos para consumir con el calor veraniego, que no deja de debilitarnos las neuronas. Si hubiese un género ex profeso para este tipo de series Los vigilantes de la playa sería el gran estandarte. Poco importaba aquí la trama. ¿Quién quiere trama cuando tiene a Hasselhoff calzando los bañadores más imposibles? Lástima que el penekini no existiese entonces. ¿Quién quiere trama cuando se puede jugar a calcular cuánto le han crecido a Pamela Anderson los pechos de un capítulo a otro? ¿Quién quiere trama cuando ponen a correr a tías y tíos buenos luciendo cuerpazos? Ya lo decían Joey y Chandler en Friends: « Corred, corred, ésa es la magia de este show, que corran, no dejéis de correr». No hay más misterio.

No hace falta contratar al guionista de The Wire para crear una serie para sesos estivales. Poca ropa, buenas playas, chicos y chicas de cascos ligeros que se líen los unos con los otros, y muchas persecuciones. Hasselhoff era un experto. Dispensaba droga catódica de la buena.

Anda que no rentabilizó a los socorristas, que se inventó después una secuela en Hawai y se sacó de la manga un spin of de vigilantes de noche. Él tenía experiencia con El coche fantástico, en la que se enseñaba menos cacho, pero que tampoco era un ejemplo de ficción profunda. Durante una época le salieron imitadores y competidores por todas partes. Ahí estaban Pacific Blue, Crímenes de seda o Los rompecorazones, que resolvían casos absurdos y se desnudaban a la mínima de cambio. Era una de las alegrías del verano, perder el tiempo un par de horas al día viendo una cosa de poco fuste que tal cual terminaba la olvidabas. Pero ahora se ha marginado este estilo y las series se ponen intensas hasta con 40 grados. La frivolidad está muy desatendida en la ficción catódica veraniega. Reclamo desde aquí que se rescate el género. Más chicha y menos cháchara.

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