Diario de León
Rafael Saravia

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RAFAEL SARAVIA
León

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Discutía hace unos días con un amigo ante una empanada con pocos visos de ser kósher, sobre la complejidad que genera cada una de las intervenciones del gobierno israelí. La conclusión alcanzada fue desde luego bastante difusa, nada clarificadora en sus muchísimos matices, ya que de otra manera sería como frivolizar ante una realidad efectivamente complicada.

Pero después de la exposición de los muchos postulados entorno a la causa palestino-israelí, ambos sólo coincidimos en un par de afirmaciones tajantes: la necesidad de no confundir las acciones de un gobierno concreto, con las causas y el pensamiento de un pueblo que trasciende las decisiones puntuales de sus gobernantes (no es lo mismo el pueblo judío que el gobierno israelí, al igual que no es lo mismo la ciudadanía que conforma España, que el gobierno que la regenta), y la confirmación de que cada muerto en un conflicto armado es una derrota para toda la humanidad, sea del bando que sea, profese la idea que profese. La guerra y la paz han generado un clima de desorden cívico a lo largo de la historia del ser humano, pero como bien decía en este diario Luis Mateo Díez, en el siglo XX y XXI nos hemos desbordado de una miseria impropia de un mundo que se considera evolucionado.

Ayer se celebraba el aniversario del nacimiento de León Tolstói. Decía el maestro ruso que «es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios». Los principios que pueden regir la conciencia del hombre son tantas veces amasados por los intereses materiales o de vanagloria, que se nos olvida la jerarquía que ocupan las causas básicas en la sociedad humana. Todo error es posible e inherente a la raza humana, pero hemos de darnos cuenta que los errores que cometamos no deberían atentar contra las máximas que rigen la concordia, la bondad y la defensa de la vida como ejes de nuestra civilización.

Dicho esto, así, tan solemne, me hace ver como un error inocente la decisión del Instituto Cervantes de Utrecht de anular una presentación de un libro sobre el asedio de Barcelona en la Guerra de Sucesión de 1714, y posponerlo por razones de «sensibilidad» con las convergencias políticas actuales. Pudiera parecer que hablando de temas tan elevados como la catástrofe humana en cualquier guerra, un tema de ésta índole tendría poca importancia. Pero la realidad es que cuando la censura se impone utilizando como excusa la cultura, la paz y el derecho a ella se aleja un peldaño de la realidad social. Por eso, me resulta más grave de lo que a simple vista pueda parecer.

Culmino con esa mira en favor de una conciencia humanista y sin fronteras sin despreciar las particularidades e idiosincrasias de cada pueblo. Decía Tolstoi: «Cuando pienso en todos los males que he visto y sufrido a causa de los odios nacionales, me digo que todo ello descansa sobre una odiosa mentira: el amor a la patria». Y así es; la guerra y la paz se vertebran en gran medida en esta sinrazón.

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