Diario de León
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Crítica de televisión rosa belmonte

El jueves, Telecinco mandó una de las más graciosas notas de prensa que recuerdo. Anunciaba la incorporación de Pedro J. Ramírez, Fernando Ónega, Luis del Olmo, Julio Anguita y Luis María Anson a Un tiempo nuevo . Sí, es de un nuevo. Y no es una cuestión de edad, es más de caducidad. Resulta graciosa la nota por esa evidente contradicción entre nombres y título. Es como si Susana Estrada, María Lapiedra y Olvido Hormigos se incorporaran a un programa llamado Damas recatadas . Un tiempo nuevo es el espacio que Telecinco prepara para la noche de los sábados y que presentará Sandra Barneda (y, cielos, Javier Ruiz; guárdame la cría).

Va a ser el sucesor de La noria y El gran debate , la tabarra política de siempre, que no van a dejar que La Sexta se lleve todo el pastel de la charlatanería sabatina. «Son destacados líderes de opinión y grandes nombres del mundo de la comunicación y la política de nuestro país», dice la nota de esos fichajes. Son platicones de otra época, por utilizar una de las nuevas palabras del DRAE. Como invitados, Montoro irá el primer día. Y luego, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Todavía más cebo. Pero cebo que aleja. No como ese tan bueno que llevan echando esta semana en Sálvame sobre la entrevista de Risto Mejide a Jorge Javier Vázquez en el Viajando con chester de mañana. Tal como están anunciando la entrevista (y lo que ha soltado de sus compañeros) parece que diga más cosas que Gregorio Morán en ese deseado libro que no le van a publicar.

No tengo ni idea de lo que el espectador quiere ver (si no, me dedicaría a eso), pero como espectadora tengo claro que no quiero ver lo mismo de siempre, a los mismos de siempre. No sé cuándo acabará este auge de las tertulias políticas en televisión (tampoco cuándo acabará la manía de programas y concursos de cocina), pero esto empieza a ser una plaga.

Lo único bueno de la participación de los platicones de toda la vida sería que fueran en bloque, que salieran juntos. Podrían ser como Statler y Waldorf, los abonados eternos del palco de los Teleñecos.

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