RAFAEL SARAVIA MINORÍAS ABSOLUTAS
Los peces no cierran los ojos
T al vez las cosas no ocurren porque sí. Y tal vez el hecho de que Erri de Luca vaya a estar en León, ciudad sin mar, tenga mucho que ver con que nos concienciemos de cuitas que van más allá de nuestras miras. Si autores de la talla de Erri se fijan en ciudades como la nuestra, y se preocupa por lo que aquí ocurre, tal vez nosotros también deberíamos hacer ese gesto solidario y cuerdo de tender la vista un poco más allá de la frontera legionensis. Ayer mismo comenzaban las prospecciones en Canarias. Algo que nos queda tan lejos a los leoneses nos pringa la conciencia como a cualquier isleño de a pie. Por que las ganas de destruir la tierra y el mar que nos alimenta es un propósito común a combatir. Nosotros tuvimos y tenemos lo nuestro con la línea de alta tensión Sama-Velilla, y el destrozo y gesto especulativo de unas empresas que sólo quieren engordar balances a costa de cualquier cosa –vaya la vida o el alma misma de la humanidad en juego- les trae bastante sin cuidado. Por eso, por ser más importante la comunión del ser humano con su entorno, por creer que para mejorar no es necesario activar el consumo hasta la debacle, por saber con evidencia clarividente que vivir mejor no está ligado a tener más petróleo (cuyo beneficio va a ser residual para la población y ampliamente generoso para la empresa en sí) y sí a disfrutar más de lo duradero que nos ofrece la tierra, por saber que ningún gobierno puede atentar como lo ha hecho contra activistas pacíficos que quieren defender unos recursos tan imprescindibles como lo son las aguas donde los peces, esos que nos dan vida real, esos que no podrán cerrar los ojos ante la abominación, viven y alimentan el futuro real de los isleños; por saber todo esto, uno desde León impone el grito de alarma.
La voluntad de las personas está sufriendo un desaire como hacía mucho no ocurría por parte de gobierno y oligopolios. Cuando se trata a las personas como ‘gente’ —a la manera que define Erri de Luca—, se les despoja del derecho primordial como ciudadanos y dueños de esa parte legítima de sociedad que representamos cada uno de nosotros. Creo que la respuesta de un pueblo como el canario, es tan obvia, tan tajante, tan lógica y tan legítima, que no escuchar a cada persona que expresa su opinión, es deslegitimar el verdadero estado de derecho en nuestro país. La reflexión quedó clara, no estamos dispuestos a entrar en el futuro, en la innovación y en la vorágine economista a costa de cualquier cosa. Ni volver a las cavernas ni desmantelar impunemente nuestro bien más preciado, la tierra y su ecosistema. Hay otras opciones y es necesario reflexionar y reinventar el concepto de evolución social.
Por eso, porque a todos nos afecta, desde León, tierra sin mar pero con peces que sabemos no cierran los ojos, no queremos mirar para otro lado, y nos sumamos a esa repulsa social contra la debacle de las costas Canarias por las prospecciones petrolíferas.