MINORÍAS ABSOLUTAS
El Gordo
M i suerte no se puede comparar a ninguna, decía Nerón. Y yo estos días los vivo con el incendio apetecible de lo bien vivido. En este 2014 he celebrado, he reído y abrazado, he compartido y he recordado a los que ya no tienen la oportunidad de asumir la sonrisa. Estos días siguen siendo propicios para hacer balance del ciclo, y el mío ha sido un buen año.
El Gordo me ha tocado a la manera que cuenta Nietzsche; él decía: La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte. Y sin duda este año he alimentado día a día esa esperanza.
No lo he hecho solo. Todos los que me rodean han generado esa ilusión necesaria. Hay constantes, amigos, logros profesionales y personales, familiares que refuerzan el camino hacia una vida más equilibrada y plena. Pero también ha habido azares, descubrimientos, sorpresas que estimulan esa esperanza que está por encima de la suerte.
En estos días, un recuerdo muy especial ha ido ligado a mi buen amigo Manuel Tejada. En estos días hemos celebrado la amistad y han surgido, en un encuentro cálido y emotivo, como el celebrado la pasada semana en el Albeitar, hallazgos como los que nos tenía acostumbrados Manuel.
Ha sido él, lo sé –como tantas y tantas veces hizo-, quien me ha vuelto a proporcionar desde la amistad imborrable, otro regalo de los suyos. El descubrimiento de nuevas maneras de sentir y de latir a través de la música.
Poco después de la creación del Aula Manuel Tejada en la Universidad de León, un gran número de excelentes músicos leoneses se reunieron para honrar a Manu. Fue por tanto su memoria la que me citó allí, fue por tanto el último regalo que me ha hecho este año.
En esa cita compartí la ilusión que no sólo se vende en las administraciones de lotería con grandes amigos comunes del panorama musical leonés -amigos como José Luis Pajares, Mario y Juan Marigorta, Arsel Rández y Carlos Arede, Fabián y Los Boogies, entre otros-, pero también descubrí –me descubrió Manuel- músicos portentosos como Rob DeLion, a quien jamás había escuchado y del que me llevo las reminiscencias de un resucitado Bob Dylan con aires de Tom Paxton, John Gorka, The Beattles, Counting Crows o incluso Tracy Chapman. Una impresionante voz que emociona y genera un valor de primer orden en el elenco musical no sólo de nuestra ciudad, sino de nuestro país.
Hay ‘gordos’ que uno disfruta más que los pellizcos de ilusión que genera la lotería. Decía Benjamin Franklin que la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
Comenzar el 2015 asumiendo esas pequeñas cosas que nos hacen sentir mejor día a día, trabajando la lucha activa para mejorar nuestro entorno directo y generar esperanza, será un buen premio, sin duda.