Una fontana sin diva
Fallece a los 83 años la actriz sueca Anita Ekberg, musa de Fellini en ‘La dolce vita’.

La actriz sueca Anita Ekberg.
En la actualidad es más que probable que no se pudiera acercar al borde de la fuente sin haber recibido algún codazo turístico o sin haberlo dado. Ella lo hizo con nocturnidad y alevosía, canturreando y con un gatito blanco encima de la cabeza. Se acerco a la fontana di Trevi, se deslumbró por su belleza y se metió al agua mientras le gritaba a un estupefacto Marcello Mastroianni que se bañara en esas aguas romanas
Anita Ekberg protagonizaba así una de las escenas más emblemáticas de la historia, embelesaba a medio mundo con su traje negro y su melena rubia y convertía al actor italiano en uno de los hombres más envidiados del mundo
Casi tres décadas más tarde, Federico Fellini juntaba a sus dos actores de La dolce vita (1960) en la céntrica plaza romana para Entrevista , una película donde el propio director repasaba su vida a modo de falso documental y con algunos de sus intérpretes. Mastroianni y Ekberg se emocionaban al reunirse 37 años después de pasar a la historia, de ganar un Oscar (vestuario) o la Palma de Oro en Cannes, en la fuente. Un lugar donde Ekberg se quedó, mientras Mastroianni afianzaba su carrera, y donde ciento de paseantes la recordaron ayer, cuando falleció a los 83 años en una clínica de Rocca di Papa, en la provincia romana. El país transalpino fue su hogar durante muchos años, tras salir de su Suecia natal (Malmoe, 29 de septiembre de 1931) cuando apenas había llegado a la veintena. La culpa de su marcha la tuvo su espectacular belleza que encandiló hasta a Bob Hope. El humorista norteamericano aseguró que había que darle el inexistente Nobel de Arquitectura a sus padres por moldear semejante cuerpo. Hope estaba en lo cierto. Ekberg, animada por su madre y sus amigos se presentó al concurso de Miss Suecia en 1950
Ganó y logró el billete para Miss Universo que se celebraba en Estados Unidos. Allí no logró vencer, pero Kerstin Anita Marianne Ekberg llamó la atención de revistas y productores. Se presentó a varios concursos de belleza y llamó la atención de Howard Hughes y del director de cine Russ Meyer, que la quisieron convertir en una nueva Marilyn. Apostaron por varias operaciones de cirugía estética y un cambio de nombre para americanizar el apellido. La sueca no aceptó ninguna de las dos opciones y aseguró que el mundo la conocería por su apellido, con todas sus letras y sin variante alguna. Al principio, su decisión no le fue mal. Trabaja a las órdenes de Frank Tashlin y con Jerry Lewis y Dean martin. Con ambos humoristas protagoniza Cómicos en París (1955) y Locos por Anita (1956), que le valió conseguir un Globo de Oro a mejor actriz novel. También apareció en revistas como Confidential y Playboy y tuvo un pequeño papel en la superproducción Guerra y paz (1956). Hasta que apareció Fellini con La dolce vita y la colocó en la historia del séptimo arte. O no. Porque Ekberg, mujer de carácter, dijo alguna vez que fue ella quien catapultó a su adorado director y no al revés. La sueca encontró Italia su acomodo perfecto. De su país no quiso saber nada. Incluso llegó a afirmar en 2005 que ni los medios ni sus compatriotas sabían apreciarla. No obstante, sus películas sí eran un éxito. Trabajó otra vez con Fellini en ‘Boccacio 70’ (1962) -donde actuaba también Sophia Loren- o con Vittorio de Sica en ‘Sette volte donna’ (1967). Su última aparición fue en 2002, en la serie de televisión Il Bello Delle Donne .