Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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U no es lo que lleva encima y hacia donde apunta su mirada. Un puñado de libros que le hacen pensar en caminos posibles, una destreza innata para caminarlos y la suerte y valentía para no temer la equivocación. La semana pasada estuve celebrando, junto a muchos amigos escritores, periodistas y demás fauna literaria, un premio que lleva por nombre el título de esta columna.

No en vano, este nombre conlleva una dicción espiritual que hace apetecible la simbología de un premio literario. Quien considera que el tesoro a resaltar, en la vida, está compuesto de momentos especiales vividos con los amigos cercanos, y a mayores, como posesión valiosa, una biblioteca breve pero intensa, es alguien que sabe que lo fundamental no conlleva grandes cantidades de nada. Esa finura estética la ha desarrollado sin duda Seix Barral en su empeño de rescatar en el año 99 un premio que se había apagado en el 72. Un premio nacido de editores de raza con un elenco de premiados y jurados que pasan nada más y nada menos por el testimonio audaz y valiente de figuras como José María Valverde, Luis Goytisolo, Juan García Hortelano, Caballero Bonald, Vargas Llosa, Gioconda Belli, Juan Rulfo, Pere Gimferrer, Elena Poniatowska y un largo etcétera.

Este año lo ha ganado el escritor Fernando Marías, pero más allá de la figura del ganador, del jurado y de la misma editorial, está la idea de generar un valor añadido no tanto a la cantidad como sí a lo intenso.La entrega de este premio genera ese valor añadido, esa reunión de lo importante, acerca la vinculación de unos con otros en el efecto precioso del descubrimiento amigo de lo valioso. Por eso, allí no se celebró con grandilocuencia lo más sonoro de la literatura pomposa. Hubo de todo, sin duda, grandes y noveles concediéndose el baile del conocimiento mutuo. Pero hubo mucha de esa intimidad e importancia que genera el nombre, hubo esa reunión de lo substancial entorno a lo breve, a lo no vociferado. Biblioteca Breve frente a descomunales mausoleos, lo contenido frente a lo desparramado, un lugar de encuentro frente a vitrinas sin brillo. A unos les gustará más o menos quien sale elegido de un premio. Siempre será así. Y qué bueno que exista esa discrepancia que agudiza los contrarios y su avance en el discurso heterodoxo, pero lo que yo viví, va más allá de un ganador u otro. Es la idea misma de lo breve como valor añadido, como exquisitez buscada. Por eso, Seix Barral y su equipo que vibra e ilusiona como pocos, confirma la delicia de un lugar en la literatura, con sabor menos engolado; global, pero a la vez más íntimo y electo.

Me quedo pues con esa idea: celebrar lo cómplice, generar discurso amigo y plural, congregar sin rangos ficticios y de igual a igual y embellecer la vida con una biblioteca... breve.

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