MINORÍAS ABSOLUTAS
Poema
P osía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio».
Ésto era la esencia del poema para Federico García Lorca. Y eso celebramos esta semana, como recordatorio de todos los singulares avatares que el poema ensambla en nuestra vida día tras día en lo que va de eternidad.
Tenemos la extraña costumbre de ponerle días concretos a las necesidades universales. Día de los enamorados, día del trabajador, día de la república, día de la poesía... La verdad, nunca he estado en contra de esas efemérides. Creo en ellas con la resignación del que sabe que en nuestra desidia cotidiana, es necesario el despertador para poder comenzar a soñar de nuevo. Por eso, esta semana tiene algo de especial para la palabra poema.
En una semana como esta, un 16 de marzo (casualmente esta columna, que sale los miércoles, coincidiría con la fecha exacta de su nacimiento), quiso venir al mundo el apellido mismo de la palabra poema. Nació Cesar Vallejo y con él «El miércoles, con uñas destronadas se abre las propias uñas/ de alcanfor, e instila por polvorientos/ harneros, ecos, páginas vueltas, sarros,/ zumbidos de moscas/ cuando hay muerto, y pena clara esponjosa y cierta esperanza». Es lo que tiene ese ciclón y su lenguaje extremo, sin vocación mansa. Es lo que tiene el poema y su celebración. Como queriendo germinar y proponer un brutal escondite para el resto del año, preñando con voluntad de magia cada palabra y su armadura significante. Sabiendo que nada de lo que entendamos será imprescindible para la felicidad, sabiendo que lo que nos mantiene despiertos, un día más, es la vocación de lo indómito, de lo fortuito, de lo audaz y su manera disidente de asumir la emoción. Por eso me entristece ponerle un sólo día a esta manera de entender la vida, pero a la vez me emociona que alguien se haya dado cuenta de que en el mundo de lo medible, hay recuerdo para algo tan inabarcable como el poema.
Es el 21 de marzo, damas y caballeros, el equinoccio de primavera, el día elegido para rememorar lo que no entra en todo el tiempo del mundo. Aunque parezca mentira, lo que no consiguió definir Becquer en sus rimas, la Unesco lo ha acotado de la siguiente manera; «La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo[…] Merced a sus asociaciones y metáforas y a su gramática singular, el lenguaje poético constituye, pues, otra faceta posible del diálogo entre las culturas». No está mal para alguien que necesita delimitar significados. Lo asumiremos dentro de la imposibilidad exquisita con que se maneja el poema y su derroche.
Un 21 de marzo nació para celebrar lo que estaba por decir el poeta británico Robert Southey; también un 21 de marzo, a su muerte, dejó paso a la inmortalidad Youssef Rzouga, poeta tunecino. Este 21 de marzo vendrá precedido por un eclipse solar total. Avisa el poema de su reforma vital. De lo importante de regenerar la luz y su visión futura. El poema y su ciclo constante. El poema y su necesidad recreadora. El poema y su día.