MINORÍAS ABSOLUTAS
Círculos (II)
L a redondez no la hemos inventado ahora. Todo lo que genera su realidad viene multiplicado por el tiempo, pero ya existía. Entramos en campaña electoral y las propuestas generales de unos y otros partidos me hacen recordar unos y otros momentos de la historia que apetecen en mayor o menos medida recordar.
Recordar... del latín re cordis, significa volver a pasar por el corazón. Traer lo necesario para la pulsión vital y no olvidarlo. No echarlo en el Leteo y sus aguas. Por eso me apetece recordar que los cambios han venido siempre de un viraje drástico en la manera de pensar. Sin perder la raíz, esa que genera pensamiento hondo, pero atreviéndose a propuestas que desperezan al ciudadano. Fíjense en este texto: «El amor a la igualdad y a la templanza se acrecienta extraordinariamente por ellas mismas cuando se vive en una sociedad cuyas leyes las han establecido. En las monarquías y Estados despóticos, nadie aspira a la igualdad; ni siquiera hay idea de algo así y cada uno tiende a tener preponderancia. Los individuos de más baja condición aspiran a salir de ella para ser señores de otros.» Lo escribe Montesquieu en su libro El espíritu de las leyes, escrito a mediados del siglo XVIII.
Habla en este libro de lo fundamental que es la educación de un gobierno para que funcione a su antojo. En sus postulados, hay tres opciones de gobierno diferenciadas, los gobiernos monárquicos, los despóticos y los republicanos. Nos lo dejaba bien claro ya hace siglos: «Si el pueblo en su conjunto tiene un principio, las partes que lo componen, o sea, las familias, lo tendrán así mismo. Por tanto las leyes de educación serán diferentes para cada gobierno. En las monarquías tendrán por objeto el honor, en las repúblicas la virtud y en el despotismo el terror».
¿Ustedes que encuentran en nuestra realidad? El honor tolera el engaño si va unido a la grandeza del espíritu o de asuntos políticos, donde las artimañas no lo ofenden. El temor subyace de la obediencia extrema y supone la ignorancia, en cierta medida, del sometido; incluso la supone en el que manda. Nada se tiene que deliberar ni razonar. Se manda y punto. Pero en la república, la virtud no supone más que una renuncia a uno mismo, cuando se gobierna, para beneficiar al todo, es decir el pueblo.
Hay partidos más ligados a unos pensamientos y otros que ejercen una responsabilidad más congruente aunque tengan menos propaganda. Les animo a conocer los principios de cada uno de ellos. Como ciudadanos debemos ejercer esa responsabilidad. Luego avancen hacia el lugar que más les convengan o hacia el lugar que más convenga no al país, sino a sus habitantes que forman un pueblo común y diverso llamado España.
Por eso, en estos tiempos de rapidez extrema, el círculo y su metáfora me sienta mejor en el recuerdo. Creo que en el camino y su durante está lo importante. Que las metas no se pueden alcanzar antes de dar pasos. Por eso aplaudo el círculo y sus esperanzas.