Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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D ijo en su día el economista mexicano Jesús Silva Herzog que «En la democracia nadie tiene el derecho de comerse todo el pastel. La regla de la mayoría, que constituye un principio democrático fundamental, ha de ser matizada mediante la regla de la mayoría limitada. La mayoría y sólo la mayoría deben decidir, pero no puede decidir la exclusión de las minorías». En ese lugar nos encontramos hoy después de estas elecciones. Muchos municipios de España y de nuestro León, están abocados al entendimiento sin absolutismos. Muchos hablan del caos que supone un gobierno en minoría o coligado a otras formaciones, pero hemos de empezar a entender que la política ha de regenerarse en torno a las palabras conciliación y acción.

A veces se cree que la única manera de tomar decisiones es tener la fuerza para imponer la propia. Estamos acostumbrados a que la lucha jamás ha de construir si no es pisando la idea del de al lado, y el pueblo, como elector mayor, ha dado su voto a la pluralidad, ha dado su confianza a un gobierno de alianzas naturales que escuche y se rija por ideas múltiples. Lo que para muchos es una situación de debacle a la hora de gobernar, para mi es una prueba que los ciudadanos están poniendo a sus gobernantes. Una prueba de valía, de hacer primar los acuerdos que fundamentan las ideas diversas que enriquecen todos los pueblos de España.

Cuanto mayor es la población, más minoría hay, afirmaba Ray Bradbury. Por tanto, hoy más que nunca, se hace necesario gobernar a la altura de esas minorías. Ser capaz de dar voz a todas esas propuestas que suman en identidades y no anulan.

Cuando escucho a Manuela Carmena hablar con admiración y respeto sobre Barcelona, cuando una mujer de 71 años habla y ejerce la renovación desde los patrones sociales que llevan tantos años escritos en las bases de tantos partidos que se habían olvidado de ellos, uno se da cuenta que el cambio no proviene de olvidar lo anterior, viene de innovar pero también de rescatar todos esos valores fundamentales que a nivel político ya estaban consolidados y que por la vorágine capitalista en que se haya sumido el mundo, se habían tapado con tanta inmundicia ajena a lo humano que ya ni se veían. No se confundan, el verdadero socialismo, ese histórico que anunció Pablo Iglesias en España un mes de mayo ya hace 136 años, o el que generó Tierno Galván ya en democracia, no se ha perdido del todo. Las bases ideológicas son perfectamente reconocibles en programas plurales de plataformas nuevas que han visto como ciertas siglas se adormilaban.

Un socialismo activo es el que promulgan dirigentes modernos como Manuela Carmona, Ada Colau, Ángel Gabilondo, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y tantos otros en tantas otras siglas que hacen de estas elecciones un nuevo argumento para la democracia. Aquellos gobernantes que no estén a la altura de mediar a favor de la heterodoxia, se quedarán de lado en esta importante labor que es regenerar un país habitable y lleno de minorías; minorías absolutas.

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