Diario de León
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minorías absolutas rafael saravia
León

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S alen las costumbres como ejemplos de pulcritud y de a poquito se acaban mal pelando con tacones y toquillas que vuelven rancias hasta las ideas recién cosechadas.

Esa es la sensación que me despiertan cada vez más las boutades ideológicas de este planeta que poco a poco van dando por certero ese fin de ciclo que durante los últimos años presagió José Luis Sampedro.

Me tuvo que pillar a mí, dirán algunos de los incrédulos que jamás han creído en la raza humana... y así es. Nos está tocando a todos. Pero mientras... ¡A mi avellanas! que diría mi amigo Javier.

Tremenda tradición la que se festeja con el «a ver quien la tiene más grande» entre banderola y banderola, con bando y pipirrana para el vermú. Con oficialidad y candelero y con casi todo el olvido necesario para saber que, la celebración de los pendones, no era más que un acto revolucionario más cercano al 15M que al paseo repeinado de los insignes matarifes de la pulsión y el poder popular. Los pendones, símbolo del poder local, de la representación básica y comunal de los habitantes de una zona y su concejo, han dejado de reivindicar para ser desfile anodino sin la fuerza popular que siempre han ejercido y por la que realmente existieron. Esa manifestación desde los pueblos hacia la capital para reivindicar su autonomía como concejos, su representación como ciudadanos que cumplen con su entorno y asumen su responsabilidad para con sus vecinos, se ha visto anulada, en pleno gesto «democrático» por un puñado de avellanas y unos vinos con varieté.

Así estamos, con la democracia a remojo, con sus simples convicciones neoliberales que adelgazan su significado pero no lo anulan, que eso de ser señorito feudal, caudillo o jefe supremo está muy mal visto por la socialdemocracia –otra palabra víctima del significado que guarda-.

Por eso el escándalo nos dura un par de días, no más, cuando a un partido como el PSOE se le amotinan sus barones con la boca sucia de perversión y capitalismo, con el infinito puesto entre la P y la S y la O. Con toda la pedantería puesta en la E. Pero sin duda todo por la causa democrática... todo por la socialdemocracia. Pero todo sin las bases que hicieron socialista a ese partido ahora vacío. ¡Pero a mi avellanas! dejemos que todo vuelva a su cauce, dejemos que la limonada y el marisqueo vuelvan al día a día.

Lo mismo ocurre con la tristeza de Colombia. Una democracia que urde e informa de manera tan sesgada que al final pareciese que apoyar la paz era cosa de terroristas. Un poder que niega la información clara, que oculta el dolor de tantos miles de personas que siguen sufriendo la barbarie por falta de acuerdo, pero que sin duda agranda los beneficios de la confrontación para ocupar los poderes del fascismo más atroz. Eso sí, todo ello en nombre de la democracia, esa perra que abandonamos como pueblo para dejarla en mano del maltrato mismo, de las oligarquías más salvajes que este planeta a conocido.

Pero da igual. Casi todo nos da igual. Este domingo fútbol y canapé. ¡A mí avellanas!

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