Guzmán: ni bueno, ni de León
Vinculado al Norte, sí, pero de África. Andrés Arias se ha documentado a fondo sobre la figura icónica de Guzmán el Bueno y no ha encontrado una sola prueba que atestigüe no ya su nacimiento sino su mero paso por tierras leonesas..

Andrés Arias, autor de la serie audiovisual ‘Dos pájaros por León’. F. OTERO PERANDONES
e. gancedo | león
Se considera Andrés Arias el acuñador de un curioso término que aúna costumbrismo y alta tecnología: filandrón . O sea, el empleo de drones con cámara para contar historias leonesas de raigambre, viejas leyendas, batallas míticas. El aparato se lo regalaron sus hijos y logró abrir muchos nuevos horizontes para este bilbaíno de raíces bercianas cuya vida profesional transcurrió, en gran parte, en la Diputación de León hasta su jubilación hace cinco meses.
A aquel primer dron, bautizado como Camarón I («por lo de ‘volando voy, volando vengo’», precisa Arias) siguieron otros dos, una dispuesta flotilla con la que comenzó a sobrevolar y grabar monumentos y parajes leoneses, base para una serie de montajes donde una voz en off va narrando la historia de esos lugares. Hasta ahora ha realizado audiovisuales sobre la Peña de Congosto —un lugar especialmente emotivo, él y su familia regentaron durante años el restaurante aupado allá arriba—; Camposagrado, ‘la Covadonga leonesa’; y los monasterios de San Miguel de Escalada, Santa María de Sandoval y San Pedro de Eslonza. Todos ellos pueden verse en Youtube bajo el título Dos pájaros por León .
Pero esta misma semana subirá a la red uno nuevo que le ha llevado más tiempo, kilómetros y lecturas, dedicado a la icónica figura de Guzmán el Bueno.
Andrés Arias es técnico superior en Informática y diplomado en Turismo, y su objetivo no es en modo alguno reemplazar la labor de historiadores profesionales, sólo divulgar ciertas historias y mostrar su envés menos conocido. Así ha ocurrido con Guzmán, cuya estatua —obra de Aniceto Marinas, autor, entre otras obras, del monumento a Velázquez frente al Museo del Prado— ocupa un lugar preferente de la ciudad desde el año 1900. Arias se enfrascó en la lectura de documentos de todo tipo, muchos, por ejemplo, de bibliotecas digitalizadas. Y varios de los más interesantes relacionados con el ‘defensor de Tarifa’ «fueron sacados a la luz por Luisa Isabel Álvarez de Toledo, ‘la duquesa Roja’, y se encuentran en uno de los archivos históricos de la casa de Medina-Sidonia en el convento de Santa Inés de Sevilla», comenta.
un mercenario
Y así, explica que «no parece» existir «ningún documento que sitúe a Alonso Pérez de Guzmán en León». «Los primeros datos lo ubican en 1275, participando en guerras internas entre los sultanes meriníes del Norte de África», expone, y añade que medió entre ellos y Alfonso X «para frenar los intentos de invasión de los africanos y, años después, para conseguir el apoyo del sultán Yussuf contra el propio hijo del rey. Cuando muere y le sucede éste, Sancho IV, Guzmán pone tierra de por medio y se marcha a Fez, donde también tiene propiedades...». «Pasa el tiempo y como los musulmanes no cesan en sus acometidas, al final Sancho ha de recurrir a Guzmán, quien vuelve con su ejército mercenario, defiende Tarifa y se hace con el favor de Sancho IV, y de paso con nuevas tierras y señoríos».
Después llega Fernando IV «y don Alonso se sabe adaptar: Medina Sidonia, Sanlúcar, Rota, Lepe, Vejer, Chiclana, Alcalá de los Gazules, Conil… llegó a ser la casa noble más grande de Andalucía. Y aún hoy la de Medina-Sidonia sigue siendo una de las mayores de España», repasa.
Eso sí, varios documentos aportados por la familia demuestran «que Alfonso X se dirigía a él, no como a un vasallo, sino como a un extranjero —indica Arias—. En otro legajo, el mismo rey le permite exportar trigo a su país de origen ».
De hecho, en 1521 el cuarto duque de Medina-Sidonia encarga a Pedro Barrantes un estudio genealógico de la familia «para maquillar su origen norteafricano, que estaba muy mal visto entre la nobleza de la época». «Las manipulaciones históricas de ese autor son muchas y de catálogo, según han escrito diversos especialistas —enfatiza el divulgador—. Hacía falta encajarlo en un lugar noble, con fuste y empaque, que diera pie a acrecentar mitos y leyendas... y el señor Barrantes lo coloca en León, aunque no hay un sólo documento que pruebe su nacimiento, ni tan siquiera su paso, por este reino del Norte».