CULTURA
David Hockney invade la Tate
El museo dedica una retrospectiva al pintor británico vivo más relevante. Recae en Antonio Iturbe por una novela épica sobre el legendario aviador

Dos visitantes observan el cuadro del artista David Hockney titulado ‘Mr and Mrs Clark and Percy’. WILL OLIVER
Íñigo gurruchaga | londres
Cuando David Hockney posó para ser retratado por su amigo Lucien Freud, a quien ha sustituido en la cima del ránking del más popular pintor británico, se sentó cerca de cien horas durante un mes. Hockney comentó después que Freud podría ahorrar tiempo al retratado mezclando las pinturas antes de comenzar la jornada. Pero no lo hacía, porque le gustaba charlar con el retratado, intercambiar cotilleos.
Cuando Hockney llevó a Freud a su estudio, ambos eligieron el elegante barrio de Kensington, en el centro de Londres, para vivir y pintar, lo sentó durante cuatro horas. Esa diferencia en el tiempo empleado en la obra justifica una de las características destacadas del pintor inglés por uno de los comisarios de la exposición antológica que se muestra a partir de esta semana en la Tate Britain de Londres.
Chris Stephens decía ayer que «la obra de Hockney abarca tanto porque es un pintor muy prolífico, y es además muy variado», para iniciar el recorrido por una muestra de más de cien obras, cuando el artista nacido en Bradford, en el norte industrial de Inglaterra, formado con su correspondiente rebeldía en la Royal Academy de Londres y residente habitual desde los años 70 en Los Angeles está a punto de cumplir 80 años.
Como su amigo Freud, el pintor que en este recorrido parece influido en sus inicios por el expresionismo abstracto y por Bacon, que tiene a Picasso entre sus guías evidentes a lo largo de su carrera, que ha sido calificado como icono del ‘pop’ británico o patriarca del posmodernismo, Hockney se levanta de la cama antes del amanecer para que le inspire la mejor luz de la jornada y pinta durante horas cada día, porque se lo pasa bien pintando. Su objetivo en esta exposición es «transmitir alegría».
En sus inicios cultivó un expresionismo con ahorro de color, tergiversación de perspectivas espaciales y dibujo rectilíneo, y en sus últimos trabajos utiliza ‘software’ en su iPad.