MINORÍAS ABSOLUTAS
Amistad
De vez en cuando no está de más frenar, echar el ancla un instante y preguntarse el rumbo y la fuerza de lo importante en la velocidad innata de los días. Sabemos -o eso nos han dicho- que este mundo es así. La velocidad como parámetro de la genialidad. Un coche más rápido, un ordenador más rápido, una dieta rápida… lo veloz como síndrome nos empieza a afectar en lugares tan importantes como la amistad.
Hace unos días se presentaba en León -mañana lo hará en Madrid- la última novela de Oscar M. Prieto. Se titula 40 y obedece a una necesidad propia de cualquier persona inquieta que llega a la medianía de su vida con muchas preguntas y más desasosiegos. Cosmo, el protagonista dandi y ambicioso, recapitula y hace balance de lo importante de su vida al entrar en la década de los cuarenta.
Para mí, que estoy en el camino de entrada a esa importante edad y sus reflexiones anexas, ha supuesto un lugar de clarividencia la lectura de una novela alegre, fácil, vitalista como lo es ésta. Hay matices que te despiertan y aunque parezcan desligados de lo importante, los avisos te llegan de la manera más imprevista y curiosa. En este caso resulta que me ha hecho pensar en la amistad como uno de los pocos ejes reclamables al tedio y la inseguridad que la vida te va creando en casi absolutamente todo. Resulta que esta novela es de un buen amigo, Óscar; la publica otro buen amigo, Héctor Escobar, y la maqueta y cuida un imprescindible, Alberto R. Torices. Son avisos intrascendentes que a veces hay que escuchar con una mayor credibilidad por lo fortuito.
Tal vez en este momento de no saber nada, de tener la sensación que nada se puede saber excepto la frustración de ser -con la misma relevancia universal que no ser-, uno va comprendiendo con más claridad la aseveración de Ciorán cuando dice: «Qué orgullo descubrir que nada te pertenece: qué revelación». Tal vez llegar aquí no ha sido un tropiezo humano ni un fracaso, creo incluso que es y se refuerza nuevamente gracias a la amistad, a esos días de shaolines, dominadas y saunas en el disenso siempre, pero con la admiración del que nada debe al de al lado, junto a Javier, Alfredo o Pepe. Son días complejos y de cambios, un año que revienta en número mágico y pronostica hito y relevancia en mis días: año de libro nuevo, tal vez un hogar que se aleje, amigos de siempre como Javier R. Escanciano, amigos que van llegando como Aurel, amigos que nos refuerzan sin necesidad de presencia, como Víktor Gómez o Pajares, amigos que nos tocan la gran llaga del amor como lo hace Emma, amigos que no se nombran y acuden en el silencio como Piñeiro, Paz, Amancio y tantos más que callo y están.
Por todo ello, casi debería marcarme un día al año al menos para detener la prisa, congregar el pensamiento importante y respirar con más tranquilidad para alejar las masas y acercarse a ese concepto que tan bien definió Aristóteles: ?La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas. Les invito al intento. No cambiará nada a su alrededor, pero cambiará todo en su interior.