Diario de León

Javier Lorenzo. periodista

«Javier Castaño es un espejo en el que mirarse»

Lorenzo, es el autor del libro 'Castaño, alma de acero'

Lorenzo presenta hoy su libro en el Club de Prensa de Diario de León. ALMEIDA (LA GACETA DE SALAMANCA)

Lorenzo presenta hoy su libro en el Club de Prensa de Diario de León. ALMEIDA (LA GACETA DE SALAMANCA)

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León

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Lugar: Club de Prensa de Diario de León (Gran Vía de San Marcos, 8, entrada por calle Fajeros).

Hora: 20.15

E. GANCEDO | LEÓN

La lidia más arriesgada de Javier Castaño (Cistierna, 1980) no tuvo lugar en los ruedos sino en los hospitales, y en sus noches y sus silencios. Al final salió airoso. La lucha del torero contra el cáncer la cuenta Javier Lorenzo en el libro Castaño, alma de acero, que hoy este periodista de La Gaceta presenta en el Club de Prensa del Diario junto al diestro leonés.

—¿Cómo, cuándo y dónde nace ‘Castaño, alma de acero’?

—Todo surgió a raíz de la tarde de Sevilla (17 de abril de 2016) en la que Javier Castaño reapareció en los ruedos, sólo 19 días después de que le comunicaran que había vencido un cáncer diagnosticado en enero. Sabedores del gesto heroico, y con la sensibilidad a flor de piel, la afición se puso en pie para tributarle la ovación más hermosa que jamás sentí y viví en una plaza de toros. A esos atronadores aplausos se unieron todos los toreros que actuaban esa tarde. Javier salió al tercio a recoger la ovación, se quitó la montera y quedó con la cabeza al descubierto, sin pelo, y con la plaza en pie. La imagen fue impactante. Salí convencido de que esta historia había que contarla.

—Qué es lo que más le sorprende de Javier Castaño, como torero y como persona?

—Su personalidad. Su seriedad. Igual que lo es en el ruedo lo es en la calle. Es un hombre serio pero cercano a la vez. Javier es todo un ejemplo de superación, de constancia y de sacrificio por conseguir un sueño. Todo eso se recoge en Alma de acero, que es algo más que la historia de un torero; es una lección de vida y un ejemplo en el que fijarse para no darse por vencido.

—La suya es una historia de superación, pero antes de sufrir el cáncer ya era un torero al que nadie nunca regaló nada...

—Nunca, ha sido un ejemplo en la profesión por creer en sí mismo cuando hubo momentos en que nadie lo hacía. Eso sucedió varias veces en su carrera. E incluso cuando era un niño e iniciaba la aventura de ser torero. Fíjate que Javier llegó a Salamanca con 14 años (sus padres y hermanos se quedaron en Cistierna) y sin ningún medio para ser torero, tanto que se las tenía que ingeniar como podía para ir a la Escuela taurina todos los días desde Topas, el pueblo en el que vivía con su abuela, casi 30 kilómetros.... Un ejemplo de sacrificio, entrega y pasión, un espejo en el que mirarse, los que quieren ser toreros pero también los que sufren esta maldita enfermedad.

—¿Qué le ha contado de sus orígenes en Cistierna?

—Bueno, ahí nace todo. Nace su ilusión, por difícil que parezca en una zona de poca tradición taurina, pero ahí puede que también se forjaran los valores que le llevaron a andar recto en la vida. Una de las cosas que más me impactó de lo que me contaba es que salió de su casa y se marchó a Salamanca con la ilusión por ser torero pero ya estaba convencido de que no podía volver a León habiendo fracasado en su intento. Ese fracaso, me dijo una y mil veces, no se lo podía permitir.

—¿Qué cree que le pasa por la cabeza a un torero cuando ha sufrido lo que Javier y encima ve que un compañero como Fandiño muere en la plaza?

—Por muy duro que parezca, la muerte le da grandeza al toreo. Sirve para hacer valorar lo que se juegan estos hombres. En el toreo se sufre, se suda, se sangra y se muere de verdad. Por eso es único. Aquí no hay ninguna mentira, no se simula nada. Aquí la sangre es de verdad. Los toreros no son actores, son héroes.

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