LEÓN ■ EL HALLAZGO EN UN DERRIBO
‘Ánforas’ bajo los escombros
La demolición del edificio de Santa Ana saca a la luz enormes tinajas de factura popular que llamaron la atención

Las tinajas que reposaban desde hacía décadas en una bodega del edificio derribado vieron ayer la luz entre ladrillos y cascotes. F. OTERO PERANDONES
e. g. | león
Aunque hubo algunos que hasta alertaron a las autoridades por si podía tratarse de ánforas romanas, lo cierto es que las grandes tinajas de cerámica que ayer aparecieron en el transcurso del derribo de un inmueble abandonado en la plaza de Santa Ana no son demasiado antiguas, aunque sí revisten cierto valor etnográfico, relacionado con la memoria de la ciudad. «Desde luego son modernas. Se trata de bocóis o cántaros empleados para el almacenamiento de vino, aceite y productos similares», aclaraba ayer al Diario el arqueólogo municipal, Victorino García Marcos, que acudió personalmente a observar los recipientes. «Unos vecinos confirmaron que, efectivamente, en una de las casas demolidadas había un bar con bodega», comentó. En todo caso se trata de cuatro grandes y perfectamente conservados testigos de una época, no tan lejana, en la que no había otra manera de conservar bebidas y líquidos, en grandes cantidades, que no pasara por guardarlas en lugares frescos y secos dentro de toneles de madera o de formidables tinas o cántaros de cerámica, estos últimos traídos habitualmente desde tierras manchegas. Su aparición en los momentos finales del derribo llamó la atención a los viandantes, algunos de los cuales las retrataron con sus móviles desde varias perspectivas.
La Comisión de Urbanismo, Patrimonio, Infraestructuras y Desarrollo Sostenible del Ayuntamiento de León había aprobado, el pasado mes de febrero, la demolición de este inmueble ubicado en el número 52 de la calle Alcalde Miguel Castaño «para garantizar la seguridad de los peatones», según manifestaban entonces fuentes municipales. El edificio, ubicado en pleno Camino de Santiago a su paso por la ciudad, no mantenía la alineación del resto de los inmuebles de la calle y ocupaba parte de la calzada, haciendo que la acera fuese mucho más estrecha de lo habitual y obligando a instalar unas vallas que permitiesen el paso de peatones. En la mañana de ayer, máquina y operarios terminaron de demoler el edificio por completo.

La demolición quedó ayer completada. F. OTERO PERANDONES

