MINORÍAS ABSOLUTAS
45 cerebros y un corazón
En las políticas culturales se pueden seguir varios caminos. Uno es el eco sonoro que genera la moda. Programar como quien prepara fuegos artificiales, donde lo grande cobra normalmente más importancia que el detalle. Otra es guiarse por el dinero, ese indicador tan apreciado para quien no conoce el valor de nada. Cuanto más caro mejor será para esta clase de programadores. Y luego está quien quiere transmitir una idea, un concepto, una asamblea de tonos que sólo se consigue recolectando minuciosamente las propuestas que se han forjado a fuego lento en cada disciplina con las que uno va a contar para generar una sinfonía que conmueva, estimule y genere cierto grado de catarsis emocional.
Tengo la sensación de que un poco a la manera de este último ejemplo es como suele programar la Fundación Cerezales Antonino y Cinia; seleccionando no por el foco mediático sino por la valía e intensidad de la propuesta a mostrar. A veces, además, se da el feliz encuentro de que valía, interés y rotundidad se alían entorno a un artista o grupo de reconocido prestigio.
Este sábado 29 de julio esta fundación ha preparado un concierto que ya antes de ser me ha cambiado. Indagando en el programa de Encerezados 2017, pude descubrir un trabajo musical que ha generado unas condiciones inauditas para el estímulo, la belleza, la necesaria palabra que defiende lo justo y que además sostiene el don de la emoción en estado puro. Ahí es nada.
Os estoy hablando de Maria Arnal i Marcel Bagés y, sobre todo, de su último trabajo, 45 cerebros y un corazón (Fina Estampa, 2017). Con su anterior trabajo no sólo han conseguido el Premi Ciutat de Barcelona de Música por su segundo EP, Verbena, elegido Mejor Single Nacional por la revista Rockdelux y Obra Artística del año según los lectores de Time Out, sino que se han posicionado en el emocionario exigente de quien necesita verdad para sentir.
En este nuevo trabajo, cuyo título surge de la pulsión generada por la lectura de una noticia sobre el levantamiento de una fosa común de la Guerra Civil en La Pedraja (Burgos) —todavía no se reconoce la impresionante labor que está generando la ARMH en una España donde el estado sigue sin hacerse cargo de su obligación civil y moral— María Arnal, la vocalista de Badalona y Marcel Bagés, el guitarrista de Flix continúan de manera exquisita, con la necesidad de lo bello, el respeto y la conciencia de libertad, el proceder de la música popular sin dogmas ni fronteras. Crean canciones propias que se incorporan a su propósito de rescate de grabaciones de campo, archivos y fonotecas de nuestra Iberia querida.
Su música es memoria ineludible, es frontera quebrada. Hay fandango, pop, electrónica… ecos de fado y singularidad en una de las voces que más me han sorprendido en los últimos años. Sin duda un lujo de esos que complementan el significado de la escucha. Un lujo para el deleite de las conciencias abiertas que este sábado podrán disfrutar gratuitamente en la Fundación Antonino y Cinia de Cerezales del Condado.
Invitados quedáis a este latido.