Diario de León
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rafael saravia
León

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El feminismo no es una opción. No es una opción puesto que todo lo opcional es susceptible de no elegirse; y como conducta, el feminismo es la única vía de legitimación que tiene una sociedad para crecer en torno a la justicia y la prosperidad comunitaria.

El gran problema es conocer qué es el feminismo. La mayoría de nosotros —hombres y mujeres— barajamos una definición errónea de lo que es el feminismo; y así es imposible saber y caminar a favor de su consolidación. Muchas personas piensan que el feminismo es la ideología que pretende el empoderamiento de la mujer. Incluso en círculos que se definen abiertamente feministas he escuchado la absurda opción de que los hombres no pueden participar en el proceso de construcción social feminista puesto que sería volver a perpetuar un rol preponderante del hombre.

Hay quienes no entienden todavía que el feminismo no es un movimiento de mujeres por y para ellas. El feminismo pretende una sociedad justa no sesgada por el género. No es propiedad de nadie y no menosprecia a nadie. Si se confunden a veces estos términos es, obviamente, porque la cultura occidental —y muchas otras— han vivido inmersos y por milenios en la cultura patriarcal, esa que ha generado la inclusión e imposición del machismo en nuestro día a día.

Por ello muchas veces se confunden la rabia generada por tantos años de opresión con la ideología que pretende cambiar para igualar. Un caso significativo fue la repulsa por parte de las científicas investigadoras del CSIC cuando en su día se planteó que hubiese un baremo para mujeres y otro para hombres. La igualdad no pasa por ahí, y sentían que menospreciaban su valía si se implantaba esa opción.

Esto se puede evitar precisamente con el feminismo y planteándolo en todos los campos y todos los rangos laborales, no sólo en los trabajos primarios sino también en los altos cargos.

Por ello creo poco en la mal llamada discriminación positiva. Nunca la discriminación puede ser positiva. Aunque reconozco que hay un caso en el que sí se ve necesaria esta elección, para remendar y reparar los casos del pasado.

Uno reciente, y que genera mucha tristeza, es el silencio mediático que ha suscitado la muerte de Gabriela Morreale, fallecida el día 4 de diciembre, y que hasta hace apenas un par de días los medios nacionales no se han hecho eco hasta ver la aclamación popular de esta inmensa científica.

La labor de Gabriela fue fundamental en el campo de la química y la pediatría a nivel mundial. La famosa prueba del talón, inventada por ella, ha supuesto la detección precoz y su posible tratamiento a millones de recién nacidos para no desarrollar enfermedades mentales profundas.

Sin duda la labor científica y médica de esta mujer tendría que ser reconocida en calles, plazas, y centros médicos de todo el mundo. Sin embargo, pocos saben de ella; aquí sin duda es necesaria la corrección histórica y la reparación de las tantas y tantas mujeres que han construido nuestra sociedad sin el reconocimiento merecido.

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