DOS ARTISTAS LACIANIEGOS
Jonás versus Arroyo
El Centro de Interpretación del Clima en La Vid abre una muestra con obras de dos artistas lacianiegos muy dispares.

Obra gráfica de Eduardo Arroyo expuesta en La Vid. CUEVAS
Jonás Pérez vivió en una época difícil y nunca pensó que acabaría su vida siendo un artista reconocido. Sufrió las consecuencias de la Guerra Civil, la posguerra y la Segunda Guerra Mundial, cuyos ecos y tragedias también llegaron a España.
Jonás bien pudo pasar a la pequeña historia leonesa como uno más de los trabajadores que se rompieron las manos y el alma para poder subsistir. Fue un buen artesano capaz de desarrollar con pulso firme la gran variedad de oficios de la construcción. Pero en su interior había más, mucho más. En un lugar escondido de su mente, Jonás guardaba memoria de unas visiones plásticas que solamente cuando se encontró con el tiempo de más que le dejaba su jubilación, afloró con fuerza. «Siempre me gustó —decía— hacer trabajos manuales, tallaba algunas cosas intrascendentes en madera. Después hice alguna incursión en la forja… pero fue cuando me encontré con la piedra cuando decidí que ahí estaba la forma de expresión que había estado buscando durante mucho tiempo».
La exposición que hoy a las 12.00 se inaugura en el Centro de Interpretación del Clima, en la localidad de La Vid de Gordón, es un merecido homenaje a Jonás que en este caso comparte con su descubridor: Eduardo Arroyo
Explica el comisario de la muestra, Luis García, que la propuesta se plantea «desde el diálogo e interrelación entre dos grandes creadores: Jonás Pérez, con una representación de su obra escultórica, y Eduardo Arroyo con una breve aproximación a su obra gráfica, collage y dibujo. Quizás pueda parecer un poco extraña e ilógica la incorporación de Eduardo Arroyo en una exposición que pretende exaltar, reconocer y homenajear al artista Jonás Pérez, pero existen varias razones muy importantes para plantearlo así. La primera y más significativa es que Arroyo es el descubridor y mentor del quehacer artístico de Jonás Pérez. Arroyo conoce a Jonás, justo cuando decide volver y recuperar la casa familiar materna de Robles de Laciana como lugar de residencia y también de trabajo. Espacio impregnado de una intensa carga simbólica y emocional para Arroyo, puesto que gran parte de su infancia transcurrió en este maravilloso paraje. Aquí es donde se fragua la gran amistad entre Arroyo y Jonás. Dos personalidades totalmente diferentes e incluso contrapuestas».
Encuentro inolvidable
Y Eduardo Arroyo recuerda así su encuentro con Jonás: «Cuando por la primera vez visité en Robles, mi pueblo, su taller en medio de huertos, hortalizas y frutales, me di cuenta de que allí vivía y trabajaba un escultor. Y fue allá, por los inicios de los años 90, cuando empecé a seguir los trabajos en piedra de mi vecino. Y el caso es que poseo una magnífica pieza de esa época, una cabeza de arenisca con base caliza, una cabeza de hombre barbudo y aunque Jonás se empeña en decir que mi escultura es la primera que salió de sus manos yo no me lo creo y miro para otro lado. No me lo creo porque, para mí, Jonás es un escultor desde siempre».
La exposición consta de 43 esculturas de Jonás en piedra con talla directa y varias con articulación de metal. 20 obras litográficas de la Suite Senefelder y una escultura en bronce de Eduardo Arroyo, reunidas gracias a la colaboración de la galería de arte Ármaga. Y un video realizado por Héctor C. Quiroga, que cuenta con la colaboración de Marcelino Cuevas y Vicente García. La producción es del Instituto Leonés de Cultura.