Cuando la fe engendra monstruos
El leonés Jonathan Notario lleva al Niemeyer su último cortometraje.

El artista leonés Jonathan Notario bajo una de sus obras. CUEVAS
marcelino cuevas | león
El Centro Niemeyer de Avilés es el escenario escogido por el polifacético artista leonés Jonathan Notario para presentar su último trabajo videográfico, un corto, titulado Experimentos para transformar la fe en energía, a través de cuyas imágenes Notario pretende materializar la conversión de la fe en energía eléctrica. Esta proyección, que permanecerá en el espacio cultural asturiano durante un mes, se ubica en la XVII Semana de Arte Contemporáneo de Asturias ALNorte.
Es sabido a fuerza de repetido desde hace centurias que la fe mueve montañas. Jonathan Notario ha decido que si tanta fuerza esconde sería interesante convertirla en energía aprovechable, en esa energía limpia que nos permita salvar al planeta tierra. El experimento acabó en catástrofe, pero vamos por partes. Dejemos que el artista nos relate los orígenes de su investigación. «Este video –nos explica- es la consecuencia de un proyecto anterior que se llamó Iglesias del Espacio, en el que los templos volaban en busca de la eternidad. Después, debido al encuentro del catálogo de los laboratorios farmacéutico, Alter, en los que trabajaba un grupo de monjas con sus hábitos allá por el año de 1945, me pareció que la relación entre la ciencia y la religión era un mundo a explorar».
La mente calenturienta de Notario creó un fanático investigador y unos escenarios peculiares que acercan su corto a la ciencia ficción. «Llevados estos elementos al plano de lo fantástico —resume el artista— , esas monjas podrían estar creando la energía con la que las iglesias volaban al espacio. De ahí a proponer que la fe podía convertirse en energía solo había un paso, que es el que he dado en el vídeo». Y la historia continúa. El milagro estaba conseguido. Solamente faltaba llevarlo a realidad y para ello Notario buscó un escenario muy de actualidad. «El video –resume- está ambientado en la época franquista. Una vez desarrollada la primera parte del proyecto, conseguida la conversión de la energía espiritual en energía material, en una especie de electricidad, tenía que llevarla a algún sitio, a una gran central de distribución. «Las imágenes de Cualgamuros, del Valle de los Caídos, tan de actualidad, me parecieron el sitio ideal para probar sus efectos». Y aquí llegó la hecatombe. Jonathan Notario lo cuenta con los ojos brillantes de un visionario: «La energía se concentró de tal forma en el inmensa cruz que al final todo acabo reventando y de entre las ruinas regresaron a la vida los miles de seres que allí hay enterrados y el experimento terminó con un ejército de zombis deambulando por España».
Una historia fantástica y llena de imaginación que contada con un lenguaje naif atrapa al espectador y le ayuda a pensar en nuevos caminos para encauzar los sentimientos, las creencias y las posibilidades de encontrar la panacea energética que salvará a la humanidad.