Robles despidió a Arroyo
El cuerpo del artista madrileño fue enterrado ayer en la pedanía lacianiega, rodeado de familiares, amigos y vecinos, quienes le dieron su último adiós y recordaron que estaba «enamorado» de esta localidad y de su montaña .

Arriba, Isabel Azcárate, mujer de Arroyo, y el hijo del artista, Pimpi. Debajo, el féretro y la corona que envió el Real Madrid. MARCIANO PÉREZ
v. araujo | robles de laciana
Poco antes de que el reloj marcará las cinco de la tarde llegaba el cuerpo del artista Eduardo Arroyo al cementerio de la pedanía lacianiega de Robles, donde le estaban esperando familiares, amigos y vecinos para darle el último adiós, ya que como él mismo había manifestado, cuando llegara este momento quería que su cuerpo descansará en el cementerio de la localidad en la que pasó su infancia y, como no podía ser de otra manera, «mirando a la montaña».
Durante la espera, los allí presentes hablaban de su persona y de su calidad como artista. Sin embargo, en cuanto el cuerpo de Arroyo llegó, un silencio sepulcral invadió la zona, mostrando así el respeto y admiración que los lacianiegos le profesaban y donde su mujer, Isabel Azcárate, y el hijo del pintor, Pimpi Arroyo, pudieron encontrar consuelo. Su mujer quiso dedicar unas palabras al artista, así como también hicieron algunos familiares y amigos. Entre los amigos de Arroyo se encontraba Carlos Calvo, quien estaba muy unido a él e incluso le remodeló la casa de Robles y también es quien está llevando a cabo la construcción de la futura biblioteca desde el pasado verano. Otro de los amigos que no faltó fue el artista Lolo Zapico, quien recordaba que «fue la persona que me llevó a la pintura después de 27 años y él me encaminó en este arte» matizaba.
En este último adiós a Arroyo tampoco faltó el secretario de la Fundación Sierra Pambley, David López Valdueza, quien recordaba a Eduardo Arroyo como un hombre muy importante en el mundo cultural, «no solo en la pintura, sino en la escritura; la prueba es que está lleno de gente esperando que lleguen sus restos para despedirle». La jefa del Servicio Territorial de Cultura y Turismo de León, Amelia Villain, también quiso estar en este momento y expresó que «le apreciaba y admiraba. era una persona a veces incomprendida». Y recordó que «tenemos la suerte de conservar algunas de sus obras en León capital y quizás con el tiempo habra más en instituicones públicas».
Una despedida a la que también acudió el pedáneo de Robles, José Méndez, quien afirmó que este momento era de gran tristeza, ya que «todo lo que ha hecho el artista fue en beneficio del pueblo y estamos muy orgullosos de él». Alabó la gran labor de Eduardo Arroyo, quien le «dió un gran prestigio a este pueblo». Por su parte, el alcalde de Villablino, Mario Rivas, explicó que ha sido una gran perdida para Laciana y para este país: «Se ha ido uno de los genios más relevantes del último siglo», recordando ese carácter tan marcado que Arroyo tenía «decidió ser lacianiego aún naciendo en Madrid, y es algo que hay que estarle muy agradecido». Añadió que sus obras son inmortales y que «todos los lacianiegos sabremos hacerle el reconocimiento que se merece y dar el testimonio de lo que Arroyo ha supuesto para este valle y de los mucho que él apreciaba este pueblo y sus gentes». destacaba.
Finalmente, el féretro fue introducido en el panteón familiar, donde los restos de Eduardo Arroyo descansarán junto a los de su madre y de otros familiares.