Diario de León

El León de los 60 'desclasificado'

Salvó un patrimonio vulnerable. Con su cámara, el conquense Carlos Flores, un teórico de la arquitectura popular, inmortalizó un León que ha ido desapareciendo en el último siglo. Sus imágenes están ahora a salvo y digitalizadas en en el Museo Etnográfico de Castilla y León, en Zamora. Hay 180 de rincones leoneses que ya sólo quedan en sus fotos en blanco y negro

Verónica Viñas
León

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Miles de kilómetros detrás de miles de imágenes. Este ha sido, en resumen, el legado de Carlos Flores (Cuenca, 1928), un arquitecto e historiador cuya pasión fue la arquitectura popular. Su colección de 11.500 fotografías está ahora a salvo en el Museo Etnográfico de Castilla y León (Mecyl), que lo ha ‘desclasificado’ y colgado en su web.

Las instantáneas de Flores muestran un León de los sesenta que es prácticamente irreconocible. Desde un pomposo negrillón en Boñar a decenas de pallozas y construcciones de adobe y paja que poblaban el paisaje de esta provincia. La memoria de un tiempo en el que la plaza leonesa de Santa Ana tenía modestos soportales, parecidos a los del centro de La Bañeza. Entre las imágenes en blanco y negro que hoy custodia el museo de Zamora hay 185 de León. En concreto, hay fotografías de Ardoncino (2), Astorga (22), Barrio de Nuestra Señora (3), Boñar (1), Caboalles de Arriba (1), Cistierna (1), Devesa (3), Gordaliza del Pino (2), La Bañeza (7), León (45), Mansilla de las Mulas (5), Mansilla Mayor (2), Manzanal del Puerto (2), Nogarejas (5), Paradaseca (12), Sabero (1), Sahagún (5), Sahechones de Rueda (2), San Miguel de Escalada (11). San Román de Bembibre (5), Sotillos Olleros (1), Toral de los Guzmanes (7), Trabadelo (4), Valcabado del Páramo (15), Valdearcos (2), Vegaquemada (1), Villafranca del Bierzo (1), Villalboñe (3), Villanueva de Omaña (12) y Villapadierna (2).

De la mayoría, según fuentes del museo, apenas hay más datos que el lugar y la fecha, apuntados en el reverso por el autor de las instantáneas.

Flores, un estudioso de la obra de Gaudí, al que ‘desmitificó’ y del que apuntó: «No quisiera decir que también hacía chapuzas, pero en determinadas ocasiones él también hacía sus trampas, como se puso al descubierto cuando se restauró el Palau Güell», reunió todo un álbum de arquitectura popular recorriendo Castilla y León de norte a sur entre 1965 y 1975.

Consciente de que la emigración en esa década dejaba tras de sí ruina, desolación y un mundo rural que se desmoronaba, intentó inmortalizar una cultura que fue devorada por la industrialización y la especulación. La España del desarrollo se llamó entonces.

Para el Museo Etnográfico supuso «un auténtico reto» rescatar del olvido esta «poderosa colección» de imágenes que retratan, además de las tipologías arquitectónicas regionales, una sociedad que estaba en «profundo» cambio. El museo ha tardado también una década en digitalizar la colección de Flores. Fotografías que el arquitecto tomó en 416 municipios de distintos puntos de España; 2.092 de ellas, en Castilla y León. Un material inédito que permite recordar —para algunos— o descubrir —para muchos— cómo eran los pueblos y las ciudades en las que habitan o de las que descienden.

El bibliotecario del Mecyl y encargado del proyecto, Emilio Ruiz, ha indicado que el arquitecto autor de las imágenes, que ahora tiene 90 años y está encantado con el proyecto, buscó en su recorrido por España durante diez años reflejar la arquitectura tradicional en una época en la que estaba devaluada por el «desarrollismo salvaje».

Flores, como explica la web del museo, «captó como nadie la esencia de la arquitectura popular de toda la geografía nacional. Supo ver la simbiosis única y especial que se establece entre el colectivo y el ámbito físico que ocupa, la utilización de los recursos naturales, la sostenibilidad energética, y los aditamentos decorativos de enorme carga simbólica y protectora. Reflejó a través de sus instantáneas los núcleos habitacionales hechos por y para el ser humano, con sus gentes haciendo vida en las calles, charlando y jugando, o bien compartiendo tareas de construcción y mantenimiento en grupo».

La mayoría de las imágenes están habitadas; incluso, en las que no hay ningún ser humano. Porque Flores capta rincones en los que es fácil adivinar la vida de sus moradores. Buena parte de esta colección, con un innegable valor etnográfico y antropológico, ha permanecido inédita hasta ahora. Como decía el escritor Octavio Paz, «la capacidad de renovación de la modernidad depende de que sepa volver a sus orígenes».

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