fotografía
El no de las niñas
La leonesa Eva San Juan presenta en Madrid su serie fotográfica ‘About consent’.

Dos imágenes de la exposición ‘About consent’. EVA SAN JUAN
Resulta que los límites del consentimiento no se limitan ni al enunciado, porque ellos solos van más allá, porque desarrollados dan para una lección casi de vida y experiencia, y más que lo que queda por hacer se refieren también hasta a lo pasado, a las decisiones, que incluso tomadas desde la libertad, el análisis posterior descubre que llevaban implícitas imposiciones aunque partieran del convencionalismo. Algo de lo que mucho saben y padecen las mujeres. Por si resultara casi filosófico, se puede decir para acercarlo a la superficie, que lo que ha hecho la leonesa Eva San Juan, aunque no hagan falta eslóganes en plan «el límite lo pones tú», que dan hasta para justificar presupuestos, su proyecto fotográfico y con contenido, aportaría de mayor forma el poso del valor y la verdad.
Por un lado se encuentra About consent, una serie fotográfica de Eva San Juan, fotógrafa y artista, también profesora en materias relacionadas con el diseño, y activista del feminismo interseccional.
La profesora del Master Internacional de Fotografía de Moda señala las claves iniciales que han dado pie a este Los límites del consentimiento: «La serie fotográfica está inspirada, de manera inicial, en la obra de teatro El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín. Y es una reflexión sobre el consentimiento viciado: aquel que es realizado sin discernimiento, intención ni voluntad», explica, lo que justifica unas fotografías en las que se ven fotos bellas, aparentemente de moda, y lo son, pero que, a un segundo vistazo o al primero, ya dejan traslucir elementos de sujeción o atadura, como nudos, cuerdas, lazos, bocaos o guantes de protección integrados en la vestimenta. Ahí entra en juego lo que San Juan quiere transmitir como conceptos de disciplina impuesta, límite o control. Y logra, así, de manera magistral, que lo sutil o subliminal se convierta en el nunca mejor dicho nudo temático.
«Quería hablar, porque es un tema que al margen de para estos proyectos llevo mucho tiempo trabajándolo, de lo que es denunciar las presiones que las estructuras sociales, culturales y políticas ejercen de una manera inconsciente sobre la voluntad y el deseo de las mujeres», señala.
El hecho de ser mujer, feminista y comprometida, añade más argumentos: «El proyecto surge de muchos temas que vas dando vueltas, y experiencias, y ver cómo siguen ocurriendo cosas que te reconcomen. Por ser como soy no puedo quedarme callada. No me callo. Porque sólo con una mirada un poco reflexiva ves que es algo general que llega a ser mediático, como lo de La Manada, o simplemente decisiones de la vida aparentemente tan simples como elegir carrera, trabajo, tener hijos o no, que a la corta y a la larga llevan una carga de imposición», reflexiona la artista.
Y bajo esa consideración de artista, Eva San Juan añade más activos a la idea: «Yo creo en el trabajo artístico. Y aquí lo hay, pero también pienso que el arte debe comunicar algo. Los mecanismos del arte a veces no llegan a más gente, y en este Los límites del consentimiento he querido que abarquen desde el consentimiento desde lo femenino, sobre esas decisiones que demuestran cómo tu libre albedrío no es tal, hasta prejuicios sociales que se convierten en generales. Porque no hace falta ni decirlo que no es lo mismo ser blanco, heterosexual y europeo, que, por ejemplo, simplemente africano o inmigrante en busca de trabajo», explica.
Pues no digamos hombre o mujer, también. Es más, San Juan explora los límites del consentimiento entre hombres y mujeres, y concluye en que la igualdad aún tiene mucho que recorrer desde el momento en el que profesionalmente lo que se consideran destrezas o habilidades en relación al hombre, y se elogian, en el caso de la mujer siempre llevan añadido algo de chascarrillo anecdótico. Por ello, cuando se le dice si una de las medicinas para acabar con la desigualdad no se sustentaría tan solo en el respeto, ella asiente, pero con un tratamiento que añada importantes dosis de empatía. «Casi más de esto segundo, porque hay que tener consciencia de la situación de poder que todavía se da, y que sólo con mirar hacia arriba se ve como los altos cargos, incluso en disciplinas como la cultura, la música o la comunicación, siguen estando ocupados y dominados por hombres», reitera.