Recurrir al ingenio
Groucho Marx, que este lunes hubiera cumplido 112 años, nació en Nueva York el dos de octubre de 1890. Hijo de emigrantes judíos alemanes, Groucho, el antepenúltimo de seis hermanos, se dedicó al mundo del espectáculo empujado por su madre, Minnie, empeñada en dar a su vástagos una educación artística que los rescatara de la pobreza. Sus comienzos fueron pues musicales dentro del grupo Los cuatros ruiseñores. Su hermano Leo (Chico) se reveló como un estupendo pianista, mientras que Adolph (Harpo) se convirtió en arpista, instrumento del que tomó su nombre artístico, Zeppo dominó el saxofón y a Groucho le tocó ser animador. Carecía de virtudes musicales, pero siempre se llevaba el gato al agua por su grotesco, absurdo e inteligente humor. Si los demás hermanos se hacían notar por atributos externos, Groucho la hacía por su inagotable ingenio, sus frases satíricas y su contestable ironía. Harpo se valía de sus aspavientos de mudo, de su estridente bocina y de las dulces cuerdas del arpa. Chico se caracterizaba por el sombrero de payaso y la chaqueta ajada impropia de un virtuoso del piano. Groucho, ataviado con su frac de colas, tenía sobre todo descaro y una vis cómica y un golpe de ceja rotundo, válido para dejar patidifusos a señoronas, embajadores y magnates.