Diario de León

OPINIÓN Miguel Ángel Nepomuceno

Educar en la música

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Aunque las modas sufren procesos de ida y vuelta, movimientos pendulares que rebuscan en el fenómeno esperanza, después de haber hecho de la desilusión una religión, lo cierto es que aunque parezca una redundancia inaugurar un Auditorio con la Novena, de Beethoven, la elección es sumamente acertada porque la música del genio de Bonn es apta para todos los oídos, gustos y estéticas, llega por igual a todas las clases sociales y a veces consigue hasta emocionar a los que no se inmutan por nada. Otra cosa es cómo se sirve esa música y la capacidad de atención de un público poco o nada habituado a lo que se ha dado por llamar música seria y que acude por compromiso o por esnobismo a las salas de concierto con el único fin de presenciar un acontecimiento social irrepetible o desea codearse con los «importantes», por aquello de que todo se pega y traga carros y corcheas con tal de salir en la foto del día siguiente, de saludar al político de turno o que su jefe le vean alternando con las clases elevadas de la nueva burguesía musical, esa que ellos luego critican en los cenáculos domingueros o en las reuniones de despacho en los recesos de las once. Para este tipo de oyentes la asistencia al Auditorio es ya otro cantar. Sufren lo indecible aunque lo que suene sea divino, se retuercen en sus asientos como San Lorenzo en la parrilla y no dejan de incordiar al vecino sufridor que intenta concentrarse en lo que está oyendo pero no lo consigue porque su vecino, el «nuevo y entendido melómano», no deja de incordiarle con sus observaciones fuera de lugar, con sus caramelos que nunca termina de desenvolver y con afirmaciones de auténtico entendido como «esta música de Miguel Ríos le va bien a Beethoven», que deja bizco a su compañero de asiento. Pero tampoco hay que alarmarse demasiado por estos sucesos ya que son el pan nuestro de cada día en todos los teatros de ópera y auditorios del mundo. Para evitarlo, nada mejor que programar bien, programar con visión de auditorio y educar a los oyentes con coloquios, conferencias y, sobre todo, con los programas de mano que, además de ser los más económicos, es donde el público recala cuando quiere enterarse de lo que va a escuchar, la clase de obras que van a ofrecerle, su historia, referencias cronológicas y musicales, los movimientos de cada sinfonía, los tiempos de cada concierto o las arias de cada recital, para saber cuándo y a quién deben aplaudir y no suceda como ocurrió en el otro concierto inaugural, que se aplaudió hasta al ujier que salió a retirar el piano. Pero si sólo nos limitamos a poner currículos, fotos y firmas patrocinadoras en los programas, sin más criterio que rellenar páginas, entonces estaremos contribuyendo a que la ignorancia, la desidia y la incultura proliferen a la misma velocidad que Operación Triunfo.

tracking