Pablo Ransa expone en la Casa de las Carnicerías
La ilusión de pintar

Una visitante observa una obra de Ransa en la Casa de las Carnicerías
Pablo Ransa está convencido de que los artistas nacen y que durante toda su existencia se limitan a evolucionar. Este pintor vallisoletano veló sus primeras armas cuando apenas tenía cuatro años y un tío suyo tuvo la feliz ocurrencia de obsequiarle con una espléndida propina. Ni corto ni perezoso el niño, que ya quería ser artista, se gastó los dineros en tizas, muchas tizas blancas con las que, ante el asombro de propios y extraños, ilustró magníficamente las paredes y suelos de su hogar y de las casas colindantes. Fue su primer destello de genialidad. Nació y vive Ransa en la ciudad de Valladolid, aunque a punto estuvo de ver sus primeras luces en las leonesas tierras del Bierzo, en las que su padre ejercía la medicina. Desde entonces, y de esto hace ya algunos años, más de medio siglo, el pintor disfruta cada año, ineludiblemente, de las fiestas patronales de San Juan y San Pedro en la capital leonesa. Duda Pablo Ransa a la hora de encasillar su trabajo. «Creo -dice- que podríamos definirlo como un expresionismo figurativo en el que cabe todo. Mis cambios de dirección han sido drásticos y puedo asegurarle que los cuadros que ahora expongo en la Casa de las Carnicerías muy poco o nada tienen que ver con los que he presentado en León en las cuatro muestras que aquí he realizado anteriormente». Conceptos y técnicas Conceptos diferentes y técnicas distintas en la obra de este artista vallisoletano. «Me gusta -asegura- el olor característico de las pinturas al óleo y los efectos que se pueden conseguir con ellas. Pero no dudo en introducir en la obra otros objetos, sobre todo la madera. Llego hasta el punto de que a aveces, cuando termino el cuadro, el primer sorprendido de lo que he hecho soy yo mismo». Otra de las facetas del artistas es su obsesión por comunicarse con el espectador, por acercar sus ideas a aquellos que se paran ante sus cuadros. «Pienso que toda obra artística debe contener un mensaje trascendente, yo trato de explicar a través de la pintura la verdad, mi verdad. En ocasiones creo que lo consigo plenamente. En los cuadros de Pablo Ransa conviven en perfecto equilibro la pintura tradicional con una serie de objetos que tratan de realzar el contenido intrínseco de la obra a la vez que pretenden serviles de muro protector, de elemento defensivo. La realidad y lo imaginativo están muy presentes en todo lo que hace. «Los leves contactos entre la realidad y el subconsciente -comenta- crean en la mente múltiples posibilidades artísticas, aventuras pictóricas que despiertan la curiosidad del alma y la sorpresa del ser que ve en la culminación de su trabajo, en un objeto-cuadro, de alguna manera la forma de conseguirlo». Los trabajos de Pablo Ransa habitan un mundo utópico en el Laberinto del Inconsciente. «La búsqueda del paraíso nos descubre, casi siempre, que el jardín prohibido fue ayer y que hoy es inalcanzable. Pero otros lienzos, otras superficies, otros marcos, otros límites esperan ser llenados, cubiertos, raspados, matizados en el eterno retorno que es el laberinto de la vida». La exposición de Pablo Ransa permanecerá abierta, en la Casa de las Carnicerías, hasta día seis de enero del próximo año, 2003. Obsesión por comunicarse Otra de las facetas del artistas es su obsesión por comunicarse con el espectador, por acercar sus ideas a aquellos que se paran ante sus cuadros. «Pienso que toda obra artística debe contener un mensaje trascendente, yo trato de explicar a través de la pintura la verdad, mi verdad. En ocasiones creo que lo consigo plenamente», dice. En los cuadros de Pablo Ransa conviven en perfecto equilibro la pintura tradicional con una serie de objetos que tratan de realzar el contenido intrínseco de la obra a la vez que pretenden serviles de muro protector, de elemento defensivo. La realidad y lo imaginativo están muy presentes en todo lo que hace. «Los leves contactos entre la realidad y el subconsciente -comenta- crean en la mente múltiples posibilidades artísticas, aventuras pictóricas que despiertan la curiosidad del alma y la sorpresa del ser que ve en la culminación de su trabajo, en un objeto-cuadro, de alguna manera la forma de conseguirlo». Los trabajos de Pablo Ransa habitan un mundo utópico en el Laberinto del Inconsciente. «La búsqueda del paraíso nos descubre, casi siempre, que el jardín prohibido fue ayer y que hoy es inalcanzable. Pero otros lienzos, otras superficies, otros marcos, otros límites esperan ser llenados, cubiertos, raspados, matizados en el eterno retorno que es el laberinto de la vida». La exposición de Pablo Ransa permanecerá abierta, en la Casa de las Carnicerías, hasta día seis de enero del próximo año, 2003.