La comedia denostada de Cervantes
Resucitan en las tablas la obra incomprendida desde su publicación en 1615
Una obra teatral de Miguel de Cervantes nunca había sido representada, al menos de forma profesional, y 400 años después se estrenará en España. Se trata de la última de sus ocho comedias, titulada La casa de los celos y selvas de Ardenia , que el autor del Quijote publicó incluso antes de ponerla en escena, en 1615, contraviniendo las normas de su época. Desde hace un año la dramaturga Brenda Escobedo se ha dedicado, junto al director Ernesto Arias, a investigar qué había pasado con esta obra y por qué obtuvo tan largo menosprecio. Con una exhaustiva búsqueda en los archivos y hemerotecas de la Biblioteca Nacional y otras instituciones, cotejando amarillentos papeles y antiguos microfilmes, concluyeron que ninguna compañía ni actor profesional había encarnado jamás a los personajes de esta «ficción de ficciones, que traduce todo el imaginario fantástico a la realidad material del teatro». Así la define Escobedo, que buscaba noticias, comentarios, críticas «o algo en los periódicos».
Un disparate
«Cervantes es el gran dramaturgo, por cómo monta la magia en escena, hace desaparecer a los personajes y representa el teatro dentro del teatro con una estructura genial», aunque durante siglos críticos tan reputados como Menéndez Pelayo tildaran la obra de «disparate», «floja», «sin suelo lírico» o «apartada de la realidad».
Pero Escobedo, que realizó su investigación dentro de un programa de la Fundación Juan March, asegura que una vez comprendido un argumento, que es muy difícil de imaginar solo leyéndolo, sucede una epifanía: «Cervantes es un revolucionario». ¿Entonces no solo inaugura la novela modera con Don Quijote? «Su visión teatral es muy vanguardista. Para entenderlo no podemos remitirnos a Lope de Vega o Shakespeare, por ejemplo, sino a Bertolt Brecht y Eurípides», dice. La obra contiene dos tramas que sirven como espejos. En la selva de Ardenia, dos caballeros, Roldán y Reinaldos, se disputan el amor de una princesa y descuidan sus deberes con su rey, mientras un mago intenta que vuelvan al redil. Al mismo tiempo, dos pastores, Lauso y Corinto, también pretenden a la misma mujer, que prefiere a un hombre rico. Estos personajes coinciden con un paladín heroico y con una guerrera vestida de caballero, de nombre Marfisa.
«Son estructuras triangulares que se combinan y donde un tercero siempre complica las cosas», explica Escobedo. «No hay antagonistas, todos son protagonistas y se interrumpen unos a otros en sus tormentos y aventuras. Hay cruces de camino y la obra se soluciona desenredando los caminos». Un año después de que el propio Cervantes publicara esta comedia que mezcla el mundo de la caballería con el pastoril —«algo insólito en la literatura»—, muere.
Después de un año de investigación histórica y con actores, Escobedo y Arias decidieron no quitar personajes, respetar al máximo los versos, no adaptarla, modernizarla ni actualizarla y no modificar sus estructuras. También se propusieron mantener la tramoya tal como la imaginó Cervantes, a pesar de las diferencias estructurales de los escenarios actuales y los del Siglo de Oro, con una «pirámide giratoria donde el actor se metía y desaparecía». Se estrena en el Festival Clásicos en Alcalá el 29. Las siguientes representaciones serán en julio, en la sede madrileña de la Juan March del 12 al 16; y en el Festival del Castillo de Peñíscola el 18 y en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, el 21 y 22.