Diario de León

Juan Manuel de Prada: «Picasso sorprende por las vilezas que perpetró"

Juan Manuel de Prada presenta hoy en la Casona de San Feliz su última novela.

Juan Manuel de Prada presenta hoy en la Casona de San Feliz su última novela.juan lázaro

Verónica Viñas
León

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Juan Manuel de Prada presenta en la Casona de San Feliz de Torío, a las 19.30 horas, Cárcel de tinieblas, continuación de La ciudad sin luz, un descomunal proyecto literario de 1.600 páginas titulado Mil ojos esconde la noche, donde sigue la pista a artistas e intelectuales españoles que quedaron atrapados en el París invadido por los nazis.

—¿La novela es un ajuste de cuentas con una época y un país con muchos claroscuros?

—No es ningún ajuste de cuentas. Es un intento de contar una parte de la historia cultural española que es muy poco conocida: la de los artistas y escritores españoles que quedaron atrapados en el París de los nazis. Es un episodio muy desconocido y es un mundo que me interesa. Siempre he mostrado gran interés por los autores malditos, los raros y los que han quedado un poco traspapelados. Esta es la intención principal de la obra. También hay una intención de mostrar las mentiras de la historia, que, en el caso de esos años en la Francia ocupada, pues son impresionantes, porque los franceses han sido maestros en enmascarar su propia historia; y en España, evidentemente, hemos manipulado mucho esos años.

—¿Qué personajes maltratados y traspapelados ha encontrado?

—A mí lo que me interesa de estos personajes es que es preciso conocerlos para que tener una visión completa de nuestra historia cultural, porque conocer a las grandes personalidades, sin duda, es muy enriquecedor, pero esas grandes personalidades, como Unamuno o Baroja en la literatura y Picasso o Zuloaga en la pintura, dan una visión de época, pero no completa. Para entender las tendencias estéticas o literarias tenemos que fijarnos también en los personajes secundarios. Esta es la razón por la que siempre he mostrado mucho interés por los raros y los olvidados; aparte de que es un acto de justicia poética reivindicarlos.

—Que el protagonista sea un falangista, ¿no espanta a muchos lectores?

—Yo creo que a cualquier lector le interesa conocer historias muy diversas. Esta es mi novela de mayor éxito en muchísimo tiempo. No escribo para personas que tienen prejuicios y no leen si el protagonista es rubio o moreno, gordo o flaco. Entiendo que haya pseudoescritores que busquen nichos de público o que se dirijan a personas muy contaminadas ideológicamente, pero yo más bien busco exactamente lo contrario.

—¿Se identifica con el protagonista, Fernando Navales?

—No. En todo personaje hay algo del escritor, eso me parece indudable, pero, en líneas generales, Navales es un personaje que se parece poco a mí; es un personaje lleno de resentimiento, lleno de heridas personales y vitales. No es un personaje que tenga que ver demasiado conmigo. Puede que haya puntualmente cosas que dice que yo pueda compartir, pero son pocas.

—¿La intelectualidad española refugiada en Francia no era tan heroica?

—Depende de a qué llamemos heroico. En determinadas circunstancias, sobrevivir es heroico; y para sobrevivir, a veces tienes que hacer cosas que no son del todo heroicas. Las personas que tuvieron que vivir en ese momento tan difícil, los artistas y escritores, eran personas como nosotros; eran débiles. Y si nosotros que vivimos más o menos una vida plácida, a veces hacemos cosas que nos avergüenzan, por medrar o por llevar una vida mejor, imagínate personas que vivían en unas condiciones muy menesterosas. Es normal que tuvieran muchos deslices y que hicieran cosas de las que seguramente después se arrepintieron.

—Ha reunido miles de documentos para la novela, ¿alguno le sorprendió?

—Me llevé muchísimas sorpresas. Casi todos los personajes tenían un trasfondo complicado. El personaje que más puede sorprender por las vilezas que perpetró durante estos años es Pablo Picasso. El personaje que más sorprendió, porque me interesó su trayectoria intelectual, fue Gregorio Marañón. Es un hombre que cambia de bando de forma muy clara y que siendo un republicano convencido pasa a apoyar a Franco. Es una trayectoria intelectual muy interesante porque, a pesar del cambio de bandera, digamoslo así, es un hombre que mantiene la dignidad. Y luego hay muchas curiosidades desconocidas en multitud de personajes que se van viendo a través de la novela.

—¿Esta novela en dos libros es su gran obra?

—No lo sé. En toda obra el escritor pone lo mejor de sí mismo. Probablemente, es la novela más extensa que se ha publicado en España en muchísimo tiempo. Es de una ambición tremenda, con aspectos de nuestra tradición literaria, de géneros como el barroco, la picaresca o el esperpento, que habían sido, no demonizados, pero sí bastante olvidados. Es una novela que es una apuesta estética y narrativa muy fuerte. La he escrito, no tanto por el éxito, sino con afán de permanencia.

—¿Definiría la novela como un estudio sobre la naturaleza humana?

—La literatura siempre es un intento de alumbrar el misterio humano. En este sentido, sí que es una novela que trata de la naturaleza humana.

—Tras 1.600 páginas, ¿le han quedado fuerzas para más aventuras literarias?

—Espero que sí, aunque no sé por dónde tiraré. Quiero cambiar de tercio, quiero escribir una cosa distinta. Espero todavía poder seguir dando buenos libros a mis lectores.

—La novela destila cierta animadversión hacia Francia y los franceses...

—El carácter de Navales es muy corrosivo, propio de un resentido, que tiene mucha tirria a los franceses; pero no es una tirria compartida conmigo. Para mí, Francia es un país que tiene muchas cosas admirables, pero también cosas penosas y lamentables. Francia tiene muchos cadáveres en el armario y muchos de ellos tienen que ver con esta época que retrata la novela y con el trato que dispensaron a los exiliados españoles. Después de la española, la francesa es la cultura que más amo. No comparto la francofobia.

—¿Con la novela se ha ganado muchos enemigos?

—Desfilan muchos personajes sobre los que la gente podía tener una visión y ahora ofreces una cara oculta que a lo mejor no conocían... No creo que me haya ganado enemigos; en todo caso, algunas envidias. Me he ganado muchos lectores, esto es lo verdaderamente importante. Esta es una novela que ha tenido un éxito insospechado y ha gustado mucho a la gente; en este sentido, estoy muy contento.

—Aparte de Picasso y Marañón, ¿hay algún otro personaje que no era como pensaba?

—Hay personajes interesantes, como la actriz María Casares o la bailarina y modista Ana de Pombo, abuela de Álvaro Pombo... y Ana María Sagi, a la que he dedicado media vida.

—¿Y ha encontrado a algún leonés?

—No encontré ningún artista ni escritor leonés que estuviera en el París ocupado. Encontré al escultor zamorano Baltasar Lobo, pero no le pude meter en la novela porque todavía no había empezado su obra, era jovencísimo.

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